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La lucha de vera y Sicilia Destacado

Alejandro Vera Jiménez y el escritor Javier Sicilia. Alejandro Vera Jiménez y el escritor Javier Sicilia. Cuartoscuro

El hecho de que Alejandro Vera Jiménez, rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEMor) desde 2012*, esté sujeto a un proceso penal y en peligro de ir a prisión, más allá del incordio personal y familiar que provoca, es otra mala noticia para la  educación superior pública y la comunidad universitaria morelense.
A punto de ser detenido junto con su esposa por enriquecimiento ilícito, como en cualquier escándalo mediático el rector acusado es víctima anticipada. Se le puede defender en los mismos medios y tal vez salga bajo fianza o ni siquiera toque las puertas de la cárcel, pero el daño moral contra la pareja rectora y la propia institución ya está hecho.


Ahora, por un engorroso y pueril conflicto entre un gobierno estatal y una administración universitaria, de nuevo se pone en evidencia la vulnerabilidad de las universidades públicas.
En parte por sus convicciones y en parte influido por políticos, periodistas y comentaristas, aliado con sectores del clero, con empresarios, con la derecha morelense, Vera pasó buena parte de su rectorado en las calles de Cuernavaca y llevó a cabo varios sentones con Javier Sicilia en la acera de la Secretaría de Gobernación en
la Ciudad de México; repartió y dio a conocer copiosa información en contra del gobernador del estado Graco Ramirez Abreu, y presentó una enorme cantidad de demandas y exigencias al gobierno estatal; mantuvo durante todo su periodo rectoral  una sistemática campaña de protesta en contra de la política de seguridad del gobernador respecto de la cual éste es especialmente sensible; sin duda, su actitud crítica —y la del poeta Sicilia— sirvieron de caja de resonancia para que se llegara a decir que Morelos es un “estado fallido”.
Esta lucha que saturó la vida de la UAEMor tal vez produjo buenos dividendos a algunos enemigos políticos del gobernador y a Vera mismo; pueden presumir que lo descolgaron de la candidatura presidencial del PRD; se puede asegurar también que surtió a los medios de comunicación de calificativos ofensivos y eficaces políticamente para que los líderes universitarios revelaran un estado en profunda crisis de gobernabilidad de la cual es responsable el mandatario local “déspota e incompetente”.  
Vera y su grupo se enfrentaron abierta y tenazmente al gobierno del estado y no hay duda que llegaron a pensar que provocarían la caída del gobernador. Fueron ferozmente combativos en ese propósito.

Universidad politizada
Pero las cosas no fueron tan sencillas y ahora estamos en este punto: una transición rectoral con un rector expuesto como un delincuente y una universidad debilitada.
Por las razones que sean, no se ha valorado qué tanto la universidad se vio afectada por esta rivalidad tan enconada. Eso sí, los líderes de este movimiento usaron a la universidad como ariete político, sin reparar en que el instrumentalismo da vida a la antiuniversidad, desalienta la vida académica, pone en riesgo la calidad educativa, desvía a la universidad de sus propios fines, y  se simula y traiciona a la sociedad y a los jóvenes.
Los universitarios morelenses apoyaron a su rector no sé si conscientes de que iban por un camino errático. Bien se sabe que en las actuales condiciones, una universidad autónoma para lograr un pleno desarrollo académico, requiere aplicar una política inteligente, dialogante, pluralista.
Atendiendo a la cercanía y a la inmediatez con el gobierno local, por tratarse de un entorno compartido, debe construir y mantener una relación de respeto y colaboración con éste, nunca de obediencia ni de sumisión.
Es obvio que sin confrontaciones con el Poder Ejecutivo es posible ejercer la rectoría en mejores condiciones.
Y no hay que olvidar que en la gestión de la rectoría de cualquier institución de educación superior estatal pública en México, hay ciertas  normas que dicta el sentido común y que deben tomarse como refuerzo del manto de prestigio y moralidad que es emblema esencial de cualquier institución y de sus dirigentes.
Una de estas normas recomienda al rector abstenerse de decirle al gobernador, en público o en privado, lo que tiene que hacer en materia de políticas públicas.
Esta conducta imprudente es fácilmente salvable si el rector asume como forzosa la incurable arrogancia de los  gobernadores, y él (el rector), a su vez, escapa de su propia arrogancia y prepotencia que le alientan sus colaboradores más rapaces e inicuos.
Pero el más común de los traspiés de los rectores en esas relaciones con el gobierno, consiste en la mala lectura que hacen de la autonomía, a partir de la cual  el rector y sus seguidores consideran que todo el territorio de la universidad está exento de las normas legales. Por lo tanto, lo que hacen bajo esa creencia con los recursos financieros y con los bienes, deriva en un patrimonialismo pernicioso y no pocas veces en corrupción.
Esta misma idea de la extraterritorialidad obviamente radicaliza posturas políticas de los grupos internos, mayoritariamente militantes de la oposición, y le hacen creer al rector que por una supuesta superioridad moral que da el saber y la universidad misma, no solo está políticamente  en el mismo plano del gobernador, sino por encima.
En esta situación, es fácil resbalarse en otras de las peores equivocaciones que puede cometer un rector que consiste en entregarse, mientras cumple su tarea de rector, a un grupo o a un partido político, con lo cual es seguro que pondrá en riesgo la vida académica de la misma institución y debilitará su posición frente a los partidarios del propio gobernador.
Una situación que parece ser secundaria, pero que no deja de tener importancia, es la necesidad de cuidarse de las redes sociales y del ansia protagónica de algunos periodistas que estarán dispuestos a utilizar a los actores de las universidades tipo Javier Sicilia y el propio rector, para mercadear historias escandalosas como la llamada “estafa maestra”.
¿En algunos de estos errores incurrió Alejandro Vera durante su gestión al frente de la UAEMor? Al parecer sí, uno tras otro.
La situación que se vive en este momento en la  UAEMor corresponde a esas equivocaciones.  Es aquí donde se puede probar que la mejor defensa de un proyecto universitario empieza por el respeto que le dispensan los propios rectores a su institución.
Si los rectores respetan a la universidad, los demás la respetarán.

*El martes 14 de noviembre Gustavo Urquiza Beltrán se convirtió en rector electo de la UAEMor para el periodo que va de marzo próximo a igual mes de 2024.

Jorge Medina Viedas

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