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Regla de tres 731 Destacado

Presiones a todas luces. Lo que ocurre en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) no es nada nuevo. Se ha vivido en otros tiempos y en algunas ocasiones ha tenido repercusiones más que considerables para la vida académica de esta institución. Ahora, la posibilidad de que el actual director general, Enrique Fernández Fassnacht, se mantenga en el cargo por un periodo más, es motivo suficiente para que los grupos de presión, que han operado siempre, pero con distintas siglas,  intenten tomar revancha y quieran desestabilizar un proceso que la mayor parte de la comunidad politécnica ha tomado con normalidad, con mucha institucionalidad y compromiso. Una mezcla de oportunismo coyuntural y pertinencia política que en nada contribuyen a la estabilidad del Instituto.


Les incomoda el respaldo.La decisión del presidente Enrique Peña Nieto para que Fernández Fassnacht continúe o no como encargado de los destinos del IPN se dará en los próximos días y a muchos les desagrada que el trabajo que ha desempeñado el ex rector general de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y ex secretario general ejecutivo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) reciba el respaldo presidencial, basado en el convencimiento de muchos sectores de la comunidad académica y científica del país. Aunque las evidencias cuantitativas y cualitativas estén del lado de Fernández Fassnacht, estos grupos caminan hacia la provocación, la amenaza y la intimidación.

No van  solos.  Y es que estas células integradas por egresados del IPN, y alumnos que pasaron por esas aulas, pero que no concluyeron su formación profesional, así como por jóvenes ligados a partidos y organizaciones políticas, están cobijados para asumir desde ahora que un cambio de mando en el IPN es la mejor opción. Desacreditan, sin fundamentos sólidos, la actual gestión y llaman a la movilización. Para muestra, las recientes marchas hacia la Residencia Oficial de Los Pinos, donde advierten que, de no hacerse su voluntad, habrá un movimiento de largo aliento como el que ya padeció el Instituto hace apenas unos años. Y no les importa en lo absoluto imponerse a pesar de ser una minoría.

Cifras sin sustento. Lo de la consulta realizada hace unos días, en la que llamaron a participar para decidir si el Director General del IPN debía mantenerse en el cargo o ser removido fue a todas luces un ejercicio a modo. Aunque hablaron de una copiosa participación, que incluso alcanzaba al 80 por ciento de la comunidad, no fue ni por mucho una consulta validada por algún organismo y organización que diera sustento a los resultados. Como era de esperarse, la respuesta fue adversa a las actuales autoridades. Pero nadie verificó el número de participantes ni la certeza de este plebiscito. Todo era un paso previo para justificar la presencia en las calles y los reclamos airados que quieren detonar la inestabilidad que tanto trabajo y diálogo costaron, luego de que el IPN suspendió durante largos meses sus actividades. Otro de los aciertos que estos grupos le quieren escatimar a Fernández Fassnacht. Porque fue precisamente durante su gestión donde se tejió fino y se tuvo apertura para escuchar inconformidades y propuestas. Una actitud que contrasta con el autoritarismo que le achacan. Ahora el objetivo único es la presión y punto.

Hay operadores. Lo cierto es que uno de los organizadores de esa consulta es Silvio Lira Mojica, fundador y primer secretario general del Sindicato de Trabajadores del IPN, organización que por cierto tampoco se ha pronunciado en contra de la continuidad del Director General. Una organización sindical surgida en 2007 a raíz de un conflicto de intereses con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Luego de no acceder al manejo de las cuotas sindicales de la sección 10 del magisterio y no tener mayores espacios de participación política, Lira Mojica decidió separarse del SNTE y formar un sindicato alternativo desde donde se ha opuesto a todas los programas y proyectos desarrollados por las autoridades del IPN. Su animadversión a Fernández Fassnacht no es nuevo ni tampoco único, ya que anteriormente lo hizo contra Yoloxóchitl Bustamante Díes.

La otra pinza.  En esta forma de presionar, en el otro extremo se ha subido el senador Benjamín Robles Montoya, quien pidió ponerle marca personal a las que llamó “irregularidades en la gestión de Enrique Fernández Fassnacht. El llamado del senador oaxaqueño, muy cercano al exgobernador Gabino Cué, solo fue respaldado por los legisladores de Morena, partido que ha metido las manos en los conflictos politécnicos y universitarios desde hace años. Robles Montoya ha militado en el PRI, en el PRD, en Movimiento Ciudadano y en el Partido del Trabajo (PT). Quienes lo conocen desde hace varios años aseguran que este asunto del IPN le sirve, primero, para insertar de nuevo a Morena en el embrollo estudiantil que quieren detonar, y segundo, porque quiere congraciarse con la dirigencia de este partido de cara a una candidatura a la gubernatura del estado, algo que se ha convertido en la obsesión del senador. Ya en años anteriores fungió como Coordinador Estatal en Oaxaca de las Redes Ciudadanas por un Proyecto Alternativo de Nación y Coordinador Estatal del Programa de Promoción del Voto de la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador. Así que no hay que confundirse.

Más implicados. Anote también en este intento por demeritar la labor de Fernández Fassnacht a otros actores como Adrián Alvarado Pérez, Ricardo Che y Ubaldo Meneses, exalumnos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón, quienes son ahora miembros de Morena y del movimiento internacional Izquierda Socialista. Líderes también del Comité de Lucha Estudiantil del Politécnico (CLEP) y cercanos al llamado Movimiento de Estudiantes No Asignados (MENA).
Alvarado Pérez ha fungido como consejero delegacional por Morena en Naucalpan, mientras que Ubaldo Meneses es miembro del Consejo Nacional de Morena, y Ricardo Che está afiliado a Morena en la delegación Cuauhtémoc. Han participado en movilizaciones y en la toma de edificios como la Dirección General del IPN. Por ahí va el asunto.
 Los números avalan.  El asunto es que, más allá de este clima que quieren enrarecer, los números respaldan al actual Director General para darle continuidad a ese proyecto que ha podido concretar con la colaboración de la comunidad académica del IPN. Durante estos años, el Instituto aumentó 11 por ciento el número de posgrado registrados en el Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y 16 por ciento de académicos pertenecientes al Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Asimismo se autorizaron mil 837 investigaciones por más de 123 millones de pesos, lo que representó aumentos de 17.5 por ciento en proyectos y 24 por ciento en el monto autorizado entre 2014 y 2017. También, mediante la aprobación del Programa Integral de Fortalecimiento de la Infraestructura Física Educativa (PIFIFE), se logró la ejecución de 293 proyectos de mantenimiento y 33 de equipamiento. Ésta es parte de esa labor que algunos sectores quieren minimizar en la recta final para definir el futuro del IPN para los próximos tres años.

 El compromiso ante todo.  Por lo pronto, Enrique Fernández Fassnacht lo tiene claro y así lo manifiesta. La decisión recae en el Presidente Enrique Peña Nieto  y él decidirá, qué es lo que mejor le viene al Politécnico. “Yo estaré para apoyar, desde donde me toque; con mucho orgullo he dirigido al Politécnico y con mucho orgullo lo dirigiría tres años más pero la decisión no es mía”. Y así, con esa visión, veremos en qué termina todo. De antemano, Fernández Fassnacht ha sabido posicionar al Politécnico en un lugar de privilegio que no puede perderse solo por presiones externas. Porque como lo plantea el propio Director General del IPN, el Instituto “está mucho más allá que cualquier cuestión de tipo político. Digamos que hay gente que le interesa ser director del Politécnico lo cual me parece muy válido, lo único que si esperaría es que esa búsqueda de la Dirección General se haga a partir de un código de ética, donde se pongan por delante los méritos académicos y profesionales, y el Presidente de la República tomará la mejor decisión”.

Carlos Reyes

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