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Regla de tres 733 Destacado

Regla de tres 733

El lío de los dineros. Lo que ocurre en algunas universidades públicas en materia financiera ni es coyuntural ni es un asunto nuevo. Durante años han sobrevivido de reasignaciones presupuestales y esfuerzos adicionales de las autoridades educativas federales para sacarlas del atolladero. Y así había sido siempre. Un remedio a corto plazo que remediaba cuando menos las presiones sindicales de miles de trabajadores que amenazaban con parar las instituciones de educación superior en caso de perder ciertos privilegios. Pero jamás se contempló una solución mucho más enfática y que pusiera en orden lo más pronto posible las arcas de estas casas de estudio. Cierto que algunas implementaron algunas modificaciones a sus contratos colectivos de trabajo pero insuficientes a final de cuentas y al paso del tiempo. Hoy, debido a que el entorno internacional económico que no termina por aterrizar y a los inconvenientes generados por los sismos de septiembre pasado, las reglas del juego cambiaron.


Medidas para contener. Ahora, advirtiendo que cada institución es distinta y enfrenta condiciones muy focalizadas por sus esquemas de prestaciones, la quiebra es una posibilidad, pero no la única carta que se juegan en los próximos meses, especialmente ahora que vienen las revisiones a los contratos salariales que ponen en riesgo, cada año, a varias universidades públicas estatales. Lo que muchos pierden de vista es que la Secretaría de Educación Pública y los gobiernos de los estados no tienen responsabilidad en esas negociaciones gremiales que tienen contra la pared a las instituciones. Y es que si contrataron personal docente y administrativo sin el soporte financiero y presupuestal requerido, o pagaron o se comprometieron a pagar prestaciones de los contratados sin haberlo contemplado a conciencia, es responsabilidad de las universidades y ahora es lo que las tiene con el agua en el cuello.

Manejo desequilibrado.   La respuesta oficial ya se dio hace unos días y no habrá fondos adicionales. No hay para dónde estirar el gasto de 2018. Lo que venga para cubrir salarios y aguinaldos de más de 26 mil trabajadores de las Universidades Autónoma de Morelos (UAEMor), Autónoma de Nayarit (UAN), Autónoma de Zacatecas (UAZ), la Michoacana San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), y la Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), es lo que inquieta, pero lamentablemente deberán hacerle frente con innovación y alternativas financieras propias. Al menos hasta donde se pueda. Porque el problema es considerable. En la UABJO así lo han entendido y el rector Eduardo Martínez Bautista no deja a un lado la calidad de los programas académicos por las necesidades financieras. Sabe que el futuro de la institución está en riesgo y no para en la firma de convenios y en la búsqueda de recursos que puedan paliar esta crisis y sacar adelante a la institución oaxaqueña.

Cambios en la UAdeC. En la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) cayó como sorpresa la renuncia de Blas Flores Dávila a la rectoría de esta institución. Se incorpora al gabinete del gobernador electo Miguel Riquelme Solís, como Secretario de Finanzas. El Consejo Universitario dio, el pasado martes, su anuencia para que Flores Dávila deje el cargo y asuma responsabilidades políticas, como ha ocurrido con muchos rectores y exrectores a lo largo de muchos años. Muchos al interior contaban con que el rector concluyera su segundo periodo al frente de la institución, pero pudo más la aventura de sumarse a la nueva administración estatal. Ahora, de acuerdo con la legislación universitaria, Salvador Hernández Vélez, Secretario General, es quien queda a cargo de la UAdeC y al parecer pasarán algunos meses para que un nuevo rector asuma las riendas.

Entuerto legal en la UAEMor.  Donde no se sabe a ciencia cierta y legalmente quién está al frente es en la Universidad Autónoma de Morelos (UAEMor). Porque el rector en funciones sigue siendo, o al menos por los estatutos así debiera ser, Alejandro Vera Jiménez, quien enfrenta un proceso legal nada sencillo y concluía su encargo hasta marzo de 2018. Y Gustavo Urquiza Beltrán, rector electo, no ha rendido protesta sino hasta el año entrante, por lo que no tiene la autoridad como representante oficial de la institución morelense. Parece que la elección se apresuró un poco ante las presiones legales y los embrollos políticos en los que decidió Vera Jiménez meterse desde hace ya varios años. Veremos si en estos meses en que la UAEMor está en esta laguna legal no se complica aún más de cara a un año que a nivel local pinta demasiado comprometido.

Complicarse de a gratis.   Complicarse de a gratis.  Por cierto, hablando de lo que viene electoralmente en el país, las universidades debieran poner cabeza fría y salir de ese terreno si no es para abrir sus puertas como espacios de pluralidad pertinentes. Pero es muy lamentable y hasta cierto punto riesgoso que se acerquen al terreno político por pretextos demasiado frágiles y banales. Es el caso de la UMSNH, la cual metida en serios problemas financieros, opta por buscar una reunión con el dirigente nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador. Pero no para pedirle que interceda por mayores recursos para la universidad, sino para presentarle la propuesta de que la institución michoacana adquiera el carácter de Universidad Nacional.  Para el abogado de la nicolaita, Alfredo Ramírez Bedolla, es un asunto de suma importancia  razón suficiente para que a la UMSNH se le vincule directamente con un aspirante a la presidencia en detrimento de la propia institución. Ya vimos, por ejemplo, lo que ha dejado en el Instituto Politécnico Nacional, la intervención abierta de este personaje y sus operadores.

Sana distancia.  Dice el abogado de la UMSNH que un grupo de académicos y alumnos están convencidos de que por justicia histórica y social debe tener ese reconocimiento y con eso podrá acceder a mayores recursos. Y para ello le presentan esta propuesta al dirigente morenista. El problema es que aunque un grupo sea el promotor de este proyecto, el resto de la comunidad universitaria puede ser arrastrada por la vorágine electoral identificada con un partido. Y si las instituciones están buscando convertirse en espacios para que los candidatos presenten abiertamente sus planteamientos rumbo a la Presidencia de la República, no les ayuda a este propósito. Y menos cuando se buscan pretextos a veces fuera de lugar para sumar simpatías a nombre de toda una institución.

Carlos Reyes

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