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Educación, ciudadanía y democracia Destacado

Sería ideal ejercitar la democracia entre estudiantes. Sería ideal ejercitar la democracia entre estudiantes. Especial

En sentido muy amplio, la democracia es una forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos; es decir, es un tipo de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía. En las democracias modernas los ciudadanos votan por sus candidatos o partidos políticos preferidos para que actúen como sus representantes en el gobierno. Por ello, dos elementos consustanciales de las sociedades democráticas son el ejercicio del voto ciudadano para elegir gobernantes y la renovación periódica del gobierno en turno.


A la luz de las reformas electorales, iniciadas hace cuarenta años, podemos decir que México ha avanzado lentamente, pero con paso firme, en la consolidación de una cultura democrática que se cristaliza principalmente en las elecciones; especialmente, en las de las máximas autoridades de gobierno (presidente, gobernadores, congresistas). Un cambio de gobierno representa la oportunidad de mirar de manera diferente los problemas y prioridades que tiene un país, así como la forma de atenderlos de mejor forma. Por ello, las elecciones federales levantan una gran expectativa de cambio y mejoría ciudadana.
México enfrenta grandes problemas que son verdaderos obstáculos para que se consolide la democracia en el país, entre los que destaco dos: la corrupción y la impunidad. En este escenario, los jóvenes representan la única esperanza de que se dé un cambio sustancial para consolidar la democracia en el país y, en consecuencia, las posibilidades de resolver los problemas que laceran a la sociedad. En mi opinión, las personas mayores difícilmente cambiarán; como dice el dicho: “chango viejo no aprende piruetas nuevas”.
Le educación es el instrumento para que nuestros jóvenes se preparen y empujen al viejo sistema mexicano a consolidar su democracia. Para ello se requiere que el sistema educativo prepare a los futuros ciudadanos para que adquieran: 1) las competencias profesionales suficientes para tener un trabajo bien remunerado y, con ello, una vida digna, 2) el compromiso social para hacer avanzar al país en todos los campos posibles, desde el social hasta el económico; y, 3) la fortaleza moral que se requiere para cambiar las pautas sociales e individuales que alimentan la corrupción y la impunidad.
Desgraciadamente, parece que nos encontramos en un círculo vicio, dado que la educación en el país es muy pobre y todavía no es capaz de cumplir con su gran meta social: la de formar plenamente a niños y jóvenes. En cuanto a lo que se refiere a la formación ciudadana, recientemente se publicaron los resultados del estudio internacional Educación Cívica y Ciudadana (ICCS, por sus siglas en inglés), coordinado por la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo. El propósito de ICCS 2016 fue conocer la preparación que tienen los jóvenes para asumir su papel como ciudadanos en el siglo XXI, considerando el nivel de aprendizajes que tienen en temas cívicos, así como su compromiso y actitudes hacia temas sociales.
Participaron en ICCS 24 países, entre los que se encuentran cuatro latinoamericanos: México, Chile, Colombia y República Dominicana. La población objetivo se concentró en estudiantes de segundo grado de secundaria. En el país participaron 5 mil 526 estudiantes, 1 mil 918 docentes y 213 directores de escuelas secundarias, quienes respondieron los diversos instrumentos diseñados para este estudio: prueba de conocimientos cívicos, cuestionario para alumnos y cuestionarios para docentes y directores.
La prueba de conocimientos consideró los siguientes componentes: 1) organizaciones, instituciones y derechos de las sociedades democráticas, 2) equidad, libertad y justicia, 3) procesos y prácticas de participación ciudadana y 4) papel de las personas en la sociedad y en la democracia. Por su parte, el cuestionario del alumno indagó sobre: 1) actividades y actitudes hacia cuestiones cívicas y ciudadanas; 2) compromiso y participación en diferentes actividades cívicas (ej.: voluntariado, voto, afiliación a partidos) y 3) actitudes hacia temas sociales (ej.: problemas globales, confianza en partidos políticos y en medios de comunicación). Los cuestionarios para docentes y directores exploraron actividades relacionadas con la formación cívica que se realizan en las escuelas.
Entre los resultados obtenidos por los estudiantes mexicanos, destaco los siguientes. Cerca de la mitad de alumnos no cuenta con el conocimiento y comprensión de los conceptos esenciales cívicos y de ciudadanía. Asimismo, México se encuentra en el antepenúltimo lugar de los países participantes (sólo por encima de Perú y República Dominicana) y a una distancia de 121 puntos respecto a Dinamarca (el país con las puntuaciones más altas), lo que corresponde a cerca de tres grados escolares de diferencia.
En cuanto a las actitudes ciudadanas, los estudiantes mexicanos dicen estar dispuestos a: pintar las paredes como señal de protesta (40  por ciento), armar una protesta bloqueando el tráfico (44  por ciento) y ocupar edificios públicos como forma de protesta (37  por ciento). Asimismo, casi 4 de 10 alumnos no consideran bueno para la democracia que se permita que las personas critiquen al gobierno. Igualmente, cerca del 50 y 40  por ciento de los estudiantes no considera que obedecer siempre la ley y respetar las opiniones de otros representan comportamientos muy importantes para ser un buen ciudadano, respectivamente. Por otra parte, casi 9 de cada 10 estudiantes mexicanos tienen la intención de obtener información acerca de los candidatos, así como de votar en las elecciones federales, municipales o delegacionales.
En síntesis, lo bueno de estos resultados es que la gran mayoría de estudiantes mexicanos que terminan el segundo grado de secundaria (en su mayoría de 13 años) piensan votar de manera informada cinco años después; lo malo es que la mitad de ellos desconoce los temas cívicos y ciudadanos, que son elementales para poder votar con conocimiento de causa; y, lo feo es que muchos de ellos están dispuestos a desobedecer la ley y a no respetar el derecho que tienen otras personas a manifestar sus opiniones. A la luz de estos resultados, es claro que la oferta educativa que están recibiendo los jóvenes del país es insuficiente para cumplir con las grandes expectativas que se depositan en la educación para que las futuras generaciones puedan transformar al país empezando por la consolidación de su democracia, cuya máxima expresión se cristalizará en las próximas elecciones nacionales del 1º de julio de 2018.
El Estado mexicano debe propositivamente educar para la democracia a través de programas que formen el pensamiento crítico y promuevan los derechos humanos, teniendo como eje articulador la construcción de ciudadanía y la solución de conflictos de manera pacífica y creativa. Sin embargo, la educación para la democracia requiere que su aprendizaje sea vivencial; es decir, que se enseñe y aprenda a través de ejercitar la democracia en los ambientes naturales. En el caso de los estudiantes implica que se ponga en práctica la elección de representantes de grupo y de representantes escolares. Igualmente, se requiere que los alumnos aprendan a tomar decisiones de manera colegiada y a exigir que sus representantes actúen en consecuencia.  
Sin embargo, esto no sucede en las aulas mexicanas. Para que ello sucediera sería necesario que los docentes compartieran los valores de la democracia y que hubieran aprendido, en “carne propia”, la práctica de votar y ser votados de manera democrática. Sin embargo, todos sabemos que esto no sucede en el sindicato del magisterio (cualquiera que sea éste). Por el contrario, las decisiones cupulares de los sindicatos son una copia fiel de los que sucede en los partidos políticos: una imposición de la minoría cupular sobre las bases mayoritarias.
Entonces, si los docentes no han vivido una experiencia democrática en el magisterio, ¿cómo podrán transmitir estos valores a sus estudiantes? Diría que es imposible: nadie puede dar lo que no tiene. En estas condiciones, lo que se puede esperar del nuevo modelo educativo, en términos de le educación ciudadana para la democracia es que, en el mejor de los casos, se enseñe a los alumnos el componente cognitivo, pero no el afectivo (el interés, aprecio y motivación por la democracia) que es el más importante para que se haga realidad el que los jóvenes participen activamente en las elecciones de sus autoridades.
La solución no es otra que formar a los futuros docentes, así como actualizar a los docentes frente a grupo, en temas de educación cívica y ciudadana para que ellos, a su vez, puedan formar a sus estudiantes en la materia. El reto de concretar este proyecto es enorme; su cumplimiento se podrá medir en la próxima ocasión en que se evalúen las competencias cívicas y ciudadanas de los estudiantes mexicanos.

Eduardo Backhoff Escudero
Consejero del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación

Modificado por última vez enJueves, 21 Diciembre 2017 12:45
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