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Otto Granados: El método del discurso Destacado

El secretario de Educación Pública, Otto Granados. El secretario de Educación Pública, Otto Granados. SEP

El gobierno tiene quien hable por él con la comunidad intelectual. Otto Granados Roldán, el nuevo secretario de Educación Pública, representa al político cada vez más en desuso en los gobiernos actuales que poco trans-miten “convicción y autoridad”, justamente entre otras razones por la falta de interlocución con una sociedad cada vez más crítica e informada.
A diferencia de muchos de sus coetáneos que incursionaron en la vida pública, Granados Roldán se formó entre las generaciones de priístas que hicieron, no sin padecimientos traumáticos, la transición democrática de México.


Abrevó de Jesús Reyes Heroles la heterodoxia política que se permitía el viejo régimen, pero al mismo tiempo se nutrió de la ideología que identificaba al ilustrado liberal, al fino lector de Maquiavelo, Montaigne, Rousseau, Mirabeau y Ortega, al seguidor consecuente de los liberales reformistas mexicanos del siglo XIX, al político pragmático ejecutor de las formas más estrictas de la razón de Estado.
Reyes Heroles, protagonista y profundo conocedor del sistema político sabía de la importancia de la inteligencia en la gestión del poder. Procuró al joven egresado del Colegio de México y de la UNAM y lo llamó a la secretaría particular de la Secretaría de Educación. La disciplina y el talento de Otto lo hicieron uno de los hombres de más confianza del vulpino veracruzano.
Como nuevo secretario, por poco tiempo, Granados tendrá la grave responsabilidad de impulsar los programas clave de la Reforma Educativa. Lo tendrá que hacer en un contexto complejo y de alta tensión electoral, a contracorriente de unos medios de comunicación que poco orientan a una opinión pública que de por sí desconfía de los políticos. Estos, especialmente los gobernantes priístas, tienen desde hace tiempo una mala prensa. Ésta hace su papel, pero eso no justifica que destilen ignorancia y derrochen mala vena sin razón alguna.
Más interesados en difundir los escándalos, los medios poco aportan al conocimiento objetivo de la vida de los políticos, por lo que es difícil que la gente pueda valorarlos correctamente.
Tal vez por eso valga decir que Otto Granados representa todo lo contrario a la imagen del estereotipo que aparece reflejado en ellos. y señalar que desde joven Otto se convirtió en un delicado estudioso de la vida social, política y cultural, desarrolló una brillante carrera académica, convivió con círculos intelectuales críticos y parte de su tiempo lo consagró al periodismo.
Ha tenido oportunidad de conocer bien las entrañas del poder, su lado luminoso y su lado oscuro; sin dejar de ser pragmático, asume que el buen político para serlo debe tener una sólida cultura; de ahí su pasión lectora; su codiciosa búsqueda por las obras de trascendencia, la buena literatura, el ensayo inteligente, las biografías de los grandes hombres.
Siempre se da tiempo para actualizar una de las más nutridas bibliotecas particulares que conozco, diseminada, por cierto, aquí y en Aguascalientes. Cuenta con libros que todo buen bibliófilo quisiera tener, muchos de los cuales ha rescatado de librerías de viejo de Donceles y Madrid. Con su sólida formación, ha escrito ensayos y libros que estoy seguro son el preámbulo de una obra mayor.  A todo esto hay que añadir una faceta del nuevo secretario que poca gente conoce: su profundo conocimiento sobre el arte, especialmente de la pintura y la escultura.
En la atracción que siente por el poder como por el saber, es un curioso hurgador de la vida de figuras históricas, busca respuestas a sus misterios, a sus secretos, a todo aquello que descubra el lado humano que los vuelve llamativos a nuestros ojos. Su afán de saber a detalle la dramática caída de Richard Nixon, cuando había alcanzado la cima del poder del país más poderoso de la tierra, y había abierto las puertas de Oriente y logrado su reelección de forma contundente, revela su deseo de conocer el por qué un hombre que llegó a tener ese poder y esa inteligencia, fue capaz de labrar su propia autodestrucción. Para Otto, conocer “la vida vivida”, de la que habla Gramsci, conocer al ser vivo en su esencia más humana, es uno de sus rasgos analíticos más característicos. De esa manera prescribe sus reflexiones sobre los problemas, introduce en ellos una visión ordenada, no sólo los elementos de la realidad sino las sensibilidades de los actores que concurren en ellos.
Hay que explicar los rasgos anteriores: Otto Granados es egresado del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México y como él mismo lo ha confesado, su método de fragmentar, observar, corregir y reunir las piezas de un problema social o político para solucionarlo, lo aprendió en esa institución de maestros como Rafael Segovia, Luis Medina Peña, Jaime Serra, Carlos Arriola, entre otros precursores de la Ciencia Política en México.
Escribió Granados que este método “Algunas ocasiones funciona y otras no, desde luego. Pero esa forma de aproximación intelectual, compuesta de información, método y disciplina, es probablemente una de las herramientas más útiles que adquirí durante los años que pasé en El Colegio y que de muchos modos me ha acompañado siempre”. Las lecturas de Marx, Easton, Joseph La Palombara, a Sidney Verba, a Gabriel Almond, más las que por cuenta propia lo llevaron a la literatura y a las biografías de los personajes que le dieron sentido y rumbo a los mejores valores de la humanidad, tienen que ver con su formación.
De ese aprendizaje hace más de treinta años. Su cercanía juvenil con los maestros del periodismo Manuel Buendía, Julio Scherer, Miguel Ángel Granados Chapa, Froylan Flores Cancela, entre otros, su formación académica, su pasión por la lectura, le dieron a Otto los recursos intelectuales para hacer una carrera política temprana. Oficial Mayor, Director de Comunicación Social de la presidencia de la República, gobernador de su estado Aguascalientes, Director del Instituto de Administración Pública y Gobierno en el Tec de Monterrey, Embajador de México en Chile dos veces y en la segunda ocasión fue traído a México a la Subsecretaría de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas.
En 2012, su nombre se mencionó como uno de los posibles titulares de la SEP. El presidente Peña nombró a Emilio Chuayffet Chemor. Otto conversaba entonces acerca de la estrategia que juzgaba más idónea para enfrentar el problema educativo de México que había llegado al punto de degradación que conocimos.
La estrategia de la instrumentación de la Reforma Educativa, en la que muchos estaban ya de acuerdo, tiene muchos puntos de coincidencia con lo que él pensaba. La razón de Estado y el consenso para una lograr una reforma que le devolviera a la SEP su protagonismo, sin duda basada en las enseñanzas de Torres Bodet, sobre todo, gravitaban en las esferas educativas del más altas del gobierno.
En un texto publicado por Campus, y que formó parte de un libro publicado por el Colegio de México, comentó lo que para él significaba la esencia de la educación: “más allá de la transmisión de conocimientos, el desarrollo de habilidades o la obtención de grados, la misión de una educación completa debiera ser la formación del temperamento, la inteligencia y el carácter”.
Otto Granados pudo haber sido Secretario de Educación Pública hace años. Estaba preparado para ello desde tiempo atrás. Buen conocedor del sistema político desde muy joven, sabía, sin embargo, que los cargos de un gabinete responden a circunstancias que postergan las idoneidades.
Es lo más cercano al político capaz de sobresalir “en el yermo mundo intelectual mexicano de esta época”.  Su saber sobre el arte, la cultura y la educación, lo hacen el hombre idóneo para este momento en la Secretaría de Educación Pública del gobierno federal.
De Otto Granados Roldán se puede decir que ha vivido bajo la sombra de aquello que Thoreau escribió en homenaje a la palabra escrita sobre el libro, como la pieza “más íntima y universal” para nosotros, más próxima a la vida misma: “El símbolo del pensamiento del antiguo se convierte en discurso del hombre moderno”.

Jorge Medina Viedas

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