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Debemos preparar a estudiantes de doctorado para el complicado arte de enseñar Destacado

Los estudios de posgrado para doctorado en Estados Unidos presentan una curiosa paradoja. Nuestras universidades han desarrollado a miles de científicos y profesores destacados. Más de la mitad de los ganadores de premios Nobel en Ciencias y Economía de 1997 a 2007 realizaron su trabajo de posgrado en este país, continuando con un patrón que ha persistido desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Estudiantes de todo el mundo vienen a su entrenamiento de posgrado y las universidades de muchas naciones han expandido y reformado sus programas doctorales para semejarse más a nuestro método.
Al mismo tiempo, las escuelas de posgrado pueden ser condenadas justamente como las peor diseñadas y administradas de entre cualquiera de nuestros principales programas académicos en nuestros centros de investigación. Existen demasiados programas de doctorado, muchos de ellos de mediocre calidad. Las tasas de abandono son vergonzosamente altas. Más del cuarenta por ciento de los estudiantes de posgrado no alcanzan su doctorado en menos de diez años, un número mucho más alto que en otros programas avanzados. Los estudiantes toman demasiado tiempo para terminar, con casi el 30 por ciento en ciencias sociales y 40 por ciento en las humanidades, retrasándose más de siete años antes de alcanzar sus títulos.


El más evidente defecto de nuestros programas de posgrado, sin embargo, yace en lo poco que hacen por preparar a nuestros estudiantes a enseñar. Aspirantes de doctorado han tenido desde siempre la oportunidad de asistir a profesores en cursos y conferencias al encabezar discusiones semanales entre pequeños grupos de alumnos. Pese a ello, apenas una pequeña minoría de dichos asistentes reporta recibir la supervisión adecuada por los miembros del profesorado a cargo del curso. De hecho, los profesores a menudo piden a sus estudiantes de posgrado no pasar mucho tiempo en sus labores de enseñanza, a fin de no distraerlos de su principal tarea de escribir una tesis.
Se han visto mejoras en años recientes con la expansión de centros de ayuda a estudiantes de posgrado para enseñarles a ser asistentes de profesor. Sin embargo, la participación en esos centros es comúnmente voluntaria y muy pocas veces ofrece a los estudiantes de posgrado más que un programa de orientación, un taller ocasional sobre un tema específico y quizás una oportunidad de grabar su método de enseñanza y recibir una crítica al respecto. Aunque tal asistencia es útil, está lejos de preparar a aspirantes a profesor para los retos que seguramente enfrentarán una vez embarcados en una carrera académica.
Existen razones para que las facultades universitarias no estén dispuestas a hacer más. La mayoría de los profesores no están convencidos que enseñar sea una aptitud que requiera preparación formal. En cambio, están inclinados a percibirla como un arte adquirido naturalmente y que mejora a través de la práctica. Después de todo, así fue como aprendieron a enseñar. Además, con candidatos a doctorado tomando tanto tiempo en completar sus programas, ¿por qué agregar nuevos requerimientos a los ya existentes?
Estas razones nunca han sido convincentes, pero gradualmente se han vuelto insostenibles. A lo largo de las últimas dos o tres décadas, la investigación sobre el aprendizaje ha entregado útiles perspectivas sobre la enseñanza que los estudiantes de posgrado necesitan saber. Mucho se ha descubierto ahora sobre cognición, motivación y la relativa efectividad de diferentes métodos de instrucción.
Nueva investigación sobre el comportamiento de estudiantes ha también revelado convincentes razones para hacer total uso de este conocimiento. Entre los recientes descubrimientos, investigadores han encontrado que los estudiantes universitarios no están progresando como se espera en dominar aptitudes esenciales como la escritura y el pensamiento crítico. Otros resultados sugieren que los estudiantes de licenciatura están menos atraídos por sus cursos y pasan menos tiempo estudiando que hace 40 años. Esos problemas no se resolverán simplemente continuando con este método de enseñanza como en el pasado. Los profesores necesitarán utilizar el creciente campo de conocimiento sobre la enseñanza y el aprendizaje para tener éxito.
Mientras tanto, más de seis millones de estudiantes están tomando al menos un curso en línea al año. La Universidad Carnegie Mellon ha desarrollado cursos asistidos por computadora en varios temas que permiten a los estudiantes dominar la materia en mucho menos tiempo que en clases ordinarias. El surgimiento de cursos abiertos masivos en línea (MOOC, por sus siglas en inglés), que ha atraído a grandes números de estudiantes, está provocando que prominentes profesores se interesen en enseñar en línea. Estudiantes de posgrado claramente necesitan entrenamiento en los usos correctos e incorrectos de la tecnología para estar preparados adecuadamente para el salón de clases del mañana.
La tecnología cambia la naturaleza de la enseñanza en diversas maneras. Desarrollar un curso en línea es una aventura colaborativa en la que instructores trabajan con técnicos y expertos en medios. La enseñanza, entonces, se vuelve menos intuitiva y más una actividad deliberadamente colectiva. Además, la tecnología puede producir un historial, no sólo sobre qué dicen los instructores, sino de cómo los estudiantes responden a las preguntas y a los problemas en sus tareas. Como resultado, los profesores pueden descubrir qué material provoca dificultades en los estudiantes y así tratar de ajustar su método. Una vez más, sin embargo, los profesores deberán saber más que en el pasado para aprovechar estos intrigantes desarrollos.
En resumen, la pedagogía se ha vuelto un proceso más complejo que ha evolucionado de un arte que puede simplemente adquirirse a un tema que requiere preparación formal.
La necesidad de tal aprendizaje es mucho más urgente por las condiciones que muchos estudiantes de posgrado encontrarán en sus carreras profesionales. Sólo un cuarto de los doctores nuevos que persiguen carreras académicas están encontrando trabajos en centros de investigación. El resto casi siempre obtiene un puesto en instituciones con estudiantes que tienden a estar menos motivados y preparados para la universidad que los estudiantes que sus maestros conocieron, y aleccionarlos exitosamente será un reto mucho mayor.
Muchos estudiantes hoy en día también realizan diversas labores al mismo tiempo, multitasking, como ver su correo durante clase y escuchar música o enviar mensajes de textos a sus amigos durante clase. Los estudiantes de licenciatura están utilizando mucho del tiempo que anteriormente utilizaban en tareas, comunicándose a través de redes sociales, navegando en internet y jugando videojuegos. Por ello, lo sepan o no, los profesores en todo el mundo compiten con Twitter, smartphones, juegos de computadora y mucho más, por el tiempo y atención de sus estudiantes. En este ambiente, los estudiantes de doctorado planeando su carrera académica necesitarán descifrar cómo comprometer a sus estudiantes en el proceso de aprendizaje.
Los estudiantes de posgrados seguramente no recibirán la preparación que necesitan si los departamentos académicos continúan teniendo casi absoluto control sobre los programas de doctorado. El problema no es sólo que las facultades resistan el cambio. Los profesores en departamentos de Literatura inglesa o Economía o Química simplemente no estarán entrenadas para ofrecer instrucción en la aplicación de psicología cognitiva y teoría motivacional, o los resultados de los investigadores concernientes a la efectividad de los diferentes métodos de instrucción, o a las habilidades requeridas para desarrollar cursos en línea. Si tal material va a volverse parte de la preparación de los estudiantes de posgrado, entonces los decanos y rectores deberán tomar la iniciativa, no sólo persuadiendo a la facultad sobre los cambios requeridos sino también reclutando instructores de toda la universidad que son capaces de inculcar a sus estudiantes lo que necesitan saber.
No es del todo obvio dónde y cuándo la enseñanza necesaria debe tener lugar. La respuesta instintiva es hacer lugar dentro del mismo programa de posgrado. El problema sobre este enfoque, sin embargo, es que entre un tercio y un cuarto de los nuevos doctores no persiguen carreras académicas sino que encuentran trabajos en la industria, el gobierno, o algún otro campo. Así que difícilmente es justo obligar a todos los estudiantes a tomar instrucción en pedagogía. Las escuelas de posgrado pueden y deben requerir que los aspirantes a asistentes de enseñanza reciban el suficiente entrenamiento para llevar a cabo tareas eficientemente. Pero cualquier otra preparación para la enseñanza debe ofrecerse voluntariamente.
Algunos estudiantes de posgrado pueden escoger no adquirir todo el entrenamiento que necesitan, mientras otros exitosos candidatos a puestos académicos habrán recibido doctorados de universidades que ofrecen poca preparación en la enseñanza. Como resultado, las instituciones que busquen equiparse adecuadamente con nuevos reclutas para las tareas en el salón de clase y como miembros de la profesión académica, no tendrán éxito al solamente ofrecer uno o dos días de orientación.
En cambio, para preparar a sus profesores adecuadamente, las universidades pueden estar necesitados de ofrecer cursos que incluyan material que no sólo trate con el aspecto pedagógico sino con problemas éticos sobre enseñanza e investigación, la historia de la educación superior, las principales escuelas de pensamiento en el currículum de licenciatura y la organización, el financiamiento y la administración de las universidades. Si los profesores principiantes piensan que tienen demasiado por hacer, pueden ver reducida su carga de trabajo durante el primer año. Cualquier costo a corto plazo debe ser más que compensado por la preparación dada a los nuevos reclutas para completar sus responsabilidades como profesores y miembros de la universidad.
Sería difícil sobreestimar la importancia de instituir estas reformas. Una de las quejas legítimas contra las universidades es que han sido excesivamente lentas para cambiar sus métodos de educación. La conferencia continúa siendo la manera más común de enseñanza, incluso cuando desde hace tiempo se ha demostrado que no desarrolla el pensamiento crítico, una cualidad que casi todos los profesores califican como la meta más importante de la educación a nivel licenciatura. La retroalimentación con los estudiantes continúa siendo poca y lenta pese a su importancia en el aprendizaje. La división básica en el currículum universitario entre carreras, “electivas” y educación general se ha igualmente mantenido igual desde hace muchas décadas pese a sus debilidades y análisis injustificados.
Los críticos a menudo señalan que la razón por la que los métodos de instrucción cambian lentamente es que a los profesores no les importa enseñar y prefieren pasar su tiempo en la investigación. Esta explicación es difícilmente convincente. Encuestas internacionales regularmente encuentran que los profesores en Estados Unidos tienen mayor interés por la enseñanza y la educación que sus contrapartes en prácticamente cualquier otro país del mundo. Incluso en los centros de investigación, los miembros del profesorado pasan más tiempo en la enseñanza que en la investigación durante el periodo de clases. Estudios también señalan que los investigadores más prolíficos no son menos exitosos o concienzudos en el salón de clases que sus colegas que raramente publican.
Una razón más plausible para el lento paso de la reforma es la escasa preparación dada a los estudiantes de posgrado para su labor como educadores. Al carecer de tal entrenamiento, los nuevo doctores naturalmente comienza su enseñanza tratando de emular a los profesores que respetaban más durante sus días como estudiantes. Mientras que puede decirse algo sobre esta práctica, raramente promueve innovaciones en el salón de clases. En cambio, tiende a producir una actitud conservadora y acrítica hacia la enseñanza, algo opuesto a la manera en que la mayoría de los profesores se enfoca en su investigación.
Continuar con este enfoque seguramente probará ser más costoso en el futuro que en el pasado. El presidente Obama ha hecho un llamado para aumentar significativamente el número de estadounidenses que se gradúen de las universidades al aceptar a cientos de miles de nuevos estudiantes al año. Mucho de estos jóvenes estarán menos preparados para la carga académica que el estudiante promedio actual y, por ende, será más difícil enseñarle.
Incluso si las universidades logran alcanzar la meta del presidente (y esa será una gran tarea), Estados Unidos no recuperará el liderazgo en logros educativos que lo catapultaron a ser la nación más próspera de 1870 a 1970. Hoy que una docena o más de países han hecho la transición de un sistema educación superior para la élite a uno para las masas o casi universal,  será todo lo que podemos hacer simplemente para estar a la altura.
Si Estados Unidos quiere recuperar una ventaja económica significativa a partir de la educación de su pueblo, deberá ser a través de la calidad de instrucción que nuestros estudiantes de licenciatura reciban y no sólo de la cantidad de títulos universitarios que se ofrezcan. Tal instrucción tardará en llegar sin profesorado capacitado para llevar a su enseñanza el mismo soporte de conocimiento, el mismo respeto para la información relevante y el mismo espíritu innovador y de cuestionamiento que los profesores han mostrado al llevar a cabo su investigación.

Derek Bok

Derek Bok fue presidente de Harvard University, donde ahora es profesor investigador.

Su más reciente libro es Educación Superior en Estados Unidos (Princeton University Press, 2013)

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