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Entrevistas

Las universidades deben fijar más su atención hacia la calidad de la educación: Jorge Bartolucci Incico

La educación superior tiene ante sí dos desafíos fundamentales. Por un lado, aumentar la cobertura con mayor equidad y, por otro, mejorar la calidad de la educación impartida.
Así lo plantea Jorge Bartolucci Incico, investigador del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (Iisue) de la UNAM.
El especialista  en cobertura y calidad de la educación superior, sostiene que la universidad contemporánea en México, como sucedió en la mayoría de los países de la región en la segunda mitad del siglo XX, experimentó un crecimiento sin precedentes, tanto en su tamaño físico como en el número de estudiantes, profesores y áreas de docencia e investigación.
Por ello, dice, en entrevista, como resultado de esa expansión, la Universidad Nacional ha creado oportunidades de desarrollo personal, movilidad social y crecimiento económico para varias generaciones en México.
Sin embargo, reconoce el doctor en sociología por la UNAM, parece ser que las oportunidades educativas abiertas a los mexicanos han sido más accesibles y mejor aprovechadas por los sectores de la clase media de la población urbana.
“Quienes nos dedicamos a estudiar la población que ingresaba a la UNAM en los años setenta, encontramos que los mayores beneficiarios de la ampliación de la oferta educativa eran jóvenes pertenecientes a las familias que estaban engrosando las capas medias de la sociedad mexicana”, argumenta.
Un fenómeno atribuible, dice, al crecimiento económico registrado en el país desde mediados del siglo pasado, el continuo flujo migratorio del campo a las ciudades y de los estados hacia la capital de la República y de la marcada centralización política, económica, social y cultural en la ciudad de México.
Cuarenta años después, enfatiza Bartolucci Incico, el perfil de la población de primer ingreso a la educación superior en general y a la UNAM en particular, no parece haber sufrido modificaciones significativas.
Empero, las variables sociales, económicas y políticas que alentaron la explosiva demanda de los años setentas sobre la educación posobligatoria sí han variado sustancialmente.
“Para comenzar, hoy día la universidad de masas es un hecho consumado y las instituciones operan sobre esa base; y aun cuando la gran mayoría de los favorecidos por la educación superior siguen perteneciendo a los sectores medios de población urbana, su predominio se desempeña en un contexto social distinto.
“La clase media, entonces emergente, ha consolidado su posición en la sociedad, el promedio de escolaridad de los padres de familia ha ido en aumento, así como la presencia femenina en la educación y el empleo”, comenta.
Asimismo, las tasas de natalidad han disminuido y por consiguiente el número de hijos por familia; la migración del campo a las ciudades y hacia la capital de la República ha cedido en favor de la migración hacia Estados Unidos; el sistema político se ha abierto a nuevas opciones electorales y la economía informal se ha convertido en una alternativa de proporciones formidables ante el exiguo crecimiento económico.
Bajo estas circunstancias sociales, apunta el investigador, cabe preguntarse ¿cuál será la relación que guarda la enorme demanda sobre la educación superior en general y la UNAM en particular, ante las condiciones de vida que enfrentan las nuevas generaciones de estudiantes?
Es ahí, apunta, donde entra la pertinencia de los programas académicos frente a un mercado laboral tan limitado.
Frente al sector productivo
En ese sentido, advierte, hace falta mucha investigación para entender la relación que hoy existe entre la obtención de un título profesional y la posibilidad de encontrar un trabajo que les ofrezca a los jóvenes condiciones adecuadas para desarrollarse como individuos independientes en la sociedad actual.
“Parece ser que la incertidumbre laboral ha aumentado en sectores con mejor preparación educativa y que el desempleo y subempleo asume proporciones altas entre los egresados de las carreras profesionales.
“Se presume que el aumento en la demanda de los estudios de posgrado es una de las vías más concurridas para competir mejor en un mercado laboral con alto grado de aleatoriedad y flexibilidad, debido al modelo de desarrollo económico imperante, que privilegia la producción de tipo maquila, materias primas y servicios”, apunta.
No obstante, tampoco se cuenta con suficiente información sobre las condiciones socio escolares que subyacen en el acceso a la universidad y en el curso distinto que toman las trayectorias escolares de las nuevas generaciones.
“Hace falta actualizar nuestro conocimiento sobre la distribución social del estudiantado en la matrícula universitaria y por carreras, así como saber más de su desempeño académico”, señala.
Por ello, plantea, es indispensable que las universidades dispongan de conocimiento relevante sobre los hechos referidos, ya que se contaría con un respaldo empírico y teórico firme.
Con esto, se estaría en mejores condiciones de fijar estrategias institucionales y pedagógicas pertinentes y eficaces, comenzando por la revisión de los instrumentos de preselección, siguiendo con la previsión de los aspectos cualitativos de la inscripción en áreas determinadas de conocimiento, la revisión de planes de estudio y el seguimiento de las trayectorias escolares.
Pero hacia donde debieran fijar más la atención las instituciones universitarias, comenta, es en la calidad de la educación impartida en sus aulas.

Eficiencia o eficacia
Con respecto al tema de la calidad, explica que, gracias a los estudios de trayectoria escolar, se sabe que cada generación escolar es un testimonio vivo de un proceso educativo que ratifica la excelencia de una minoría y deja el paso libre a un gran número de estudiantes que vuelven a quedar sujetos a las formas de eliminación que se constatan en los niveles inferiores.
“Cada nivel promueve una mínima cantidad de casos en condiciones de cumplir previsible y satisfactoriamente las exigencias académicas del nivel subsiguiente, mientras que el resto se ve librado a resultados muy azarosos”, señala.
Bartolucci Incico explica que entre las opciones disponibles en el nivel medio superior de enseñanza, los aspirantes tienden a privilegiar las universidades que están estrechamente vinculadas con salidas al nivel superior y/o cuentan con pase automático.
Esto, como si ello garantizara algo más que el simple acceso en algún plantel con las correspondientes probabilidades de abandonarlo en algún momento.
“Cuando logran ingresar en alguna de ellas, solo vislumbran al final del túnel la obtención de una licenciatura,  meta que exige por lo menos ocho años de estudios”, dice.
Para dimensionar las proporciones y alcances del problema descrito, argumenta, se debe partir del hecho que el sistema educativo está organizado de tal forma que si no se obtiene un título no se obtiene nada. “En términos de su funcionamiento general, un sistema educativo de esta naturaleza pareciera lograr el objetivo de formar algunas personas bien preparadas a expensas del enorme costo humano y financiero que representa el fracaso de la mayoría de los estudiantes”, advierte.
Y es que, el reporte sobre “Las políticas de educación superior en México”, elaborado por los investigadores de la OCDE, apuntó que el principal problema del sistema educativo superior de México es la brecha enorme que separa a la élite de alto nivel intelectual del nivel general de educación y preparación profesional, que es muy modesto.
“Las políticas universitarias debieran poner este problema en el centro de su atención y prestar un cuidado especial a lo que sucede en el nivel medio superior.
“Convengamos que en la mayoría de sus escuelas la experiencia escolar trascurre en un ambiente donde prevalece una sumatoria de contenidos insustanciales y dispersos enmarcados en infinidad de materias que para el estudiante promedio no tienen ni ton ni son”, comenta.
El estudiantado, enfatiza, es objeto de una sarta de exigencias poco articuladas, arbitrarias, sin ningún criterio validable del desempeño escolar más allá del juicio personal del maestro, y cuyo cumplimiento satisfactorio depende más del capital cultural de cada alumno posea que de lo que la escuela ha sido capaz de ofrecerle.
“En medio de semejante anomia académica, quienes carecen de marcos de referencia propios, son presa de la desorientación, y para muchos de ellos la deserción es el desenlace inevitable.
“Vista así, la deserción deja de ser algo ajeno al sistema educativo y pasa a ser concebida como producto del desenvolvimiento cotidiano del mismo”, señala.  


Las políticas a largo plazo
Al hablar sobre la existencia de una verdadera política educativa que atienda al sector de la enseñanza superior, Bartolucci Incico plantea que lo más común es que la medida del aprendizaje esté dada por la habilidad del alumno de dar la respuesta que espera el maestro.
“De manera que existe una alineación exagerada entre lo que el alumno se siente obligado a responder y la instrucción que ha recibido por parte del maestro.
“El espacio que media entre la pregunta y la respuesta resulta ser demasiado estrecho, ya que no requiere de mayores consideraciones que buscarla en internet, en una enciclopedia, en un libro o en los apuntes de clase”, señala.
En ese contexto, el único referente de la conducta escolar invariablemente recae en la figura del maestro, y los jóvenes se habitúan a realizar operaciones mentales que sólo adquieren sentido en relación con la autoridad personal que éste encarna, no en función de la autoridad impersonal de la razón y de la lógica científica.
Aquí es donde se presenta una de las principales debilidades del sistema educativo.
“Se requiere implementar estrategias de largo plazo que creen las condiciones necesarias para dejar atrás la enseñanza basada en infinitos contenidos acumulados.
“En su lugar, debieran promoverse formas de enseñanza apoyadas en un número reducido de temas y ejercicios, procurando ampliar el dominio de los alumnos sobre sus recursos intelectuales”, considera.
De este modo, apunta, aprenderían a valorar qué datos y nociones son relevantes para determinados problemas; a manejar la ambigüedad y la incertidumbre propias del conocimiento científico y a reconocer hipertextos con varios niveles de los que solo se alcanza a ver una pequeña parte.
Lamentablemente, añade, esa descripción detallada y precisa no existe en nuestro sistema, como tampoco los instrumentos para reconocerla ni evaluarla, mucho menos el diseño de estrategias que nos permitan alinear todo el sistema en esa dirección.
“Las instancias e instrumentos de evaluación operan sin el cuidado de aquilatar el aprendizaje en sus diferentes escalas de desarrollo cognitivo; a lo sumo fijan tipos muy indeterminados de rendimiento académico: estudiantes muy buenos, buenos, regulares o malos.
“La única información que le proporcionan al alumno es si aprueba o reprueba una actividad, una materia, un programa o un ciclo. No procuran comunicar el grado de avance de las habilidades y de los conocimientos alcanzados en una dirección clara, sino la mera constatación del cumplimiento o no del deber encomendado, enfatiza.
En este contexto, las formas de evaluación escolar usadas habitualmente, pierden eficacia y sentido.
Y es que palomear si el alumno entregó o no su tarea, premiar con puntos extras su asistencia, su participación en clase, sus tareas y exposiciones y las actividades extramuros en las que participe, valen para estimular el interés y el cumplimiento de nuestros alumnos, pero no conducen por sí solas a elevar las facultades cognitivas que deberíamos lograr que ellos adquieran”.
Para brindar una educación con mayor equidad y calidad, sostiene el especialista, urge que las universidades lideren un proceso de revisión académica tendiente a organizar los recursos de las instituciones escolares.
De tal forma, la actividad docente dejaría de ser un hecho aislado entre el maestro y sus alumnos, y pase a ser obra de un cuerpo académico mejor integrado y con visión estratégica.
“Deben hacer lo posible para neutralizar la realización de actividades atomizadas y abstractas, administradas sin acuerdos mínimos entre profesores y sin ningún diálogo sistemático entre ellos respecto al avance de los alumnos.
“Al igual que en los niveles anteriores, la experiencia escolar universitaria trascurre en un ambiente de inercia institucional, desprovista de una atención académica orgánica a los estudiantes”, comenta.
Lo que prevalece, en cambio, es el encuentro fortuito de maestros y estudiantes, con diferentes concepciones, prácticas, capacidades, desempeños y valoraciones aisladas y dispersas.
“Carecemos de estándares objetivos para valorar el aprendizaje de los alumnos y sus aptitudes intelectuales, así como de criterios comunes para orientar y auxiliar a los estudiantes en función de sus limitaciones, inclinaciones y posibilidades”, finaliza.

Carlos Reyes

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Aurora Loyo Brambila: Toda reforma educativa implica cambios en la distribución del poder

Cuando se abordea el tema  de reforma educativa, se tiene que hablar de equilibrios en la toma de decisiones y en el poder. Esa es la esencia, a final de cuentas, que mueve este tipo de acuerdos legales.
Así lo plantea Aurora Loyo Brambila,  investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
La especialista sostiene que la reforma educativa que se aprobó en el actual sexenio, como ha ocurrido con otras, implica un proceso de concertación para construir nuevos espacios e incorporar a nuevos actores.
En entrevista, Loyo Brambila habla de la importancia que tiene la reforma educativa, no sólo en las aspiraciones y tentaciones gremiales de hacerse con el poder en el sector educativo, sino en los maestros que se han mantenido alejados de las luchas por el poder.
Además, ofrece sus comentarios en torno al proceso de descentralización educativa, el cual ha generado resultados muy desiguales entre las entidades del país.

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José Emilio Baños Ardavín: La Universidad, un factor de cambio social

Me parece que en años recientes, la Universidad (con mayúsculas) había perdido una de sus razones fundamentales de ser. Desde su creación como institución hace prácticamente mil años, ha sido factor de cambio en los diferentes momentos de la evolución de las sociedades en las que ha incidido.
Y es que precisamente dentro de la Universidad es donde deben generarse las mejores condiciones para debatir, discutir y diseccionar las diferentes filosofías, y realidades que habría que analizar para profundizar y proponer soluciones o diferentes alternativas para el progreso en general de la humanidad.
Para ello, el papel de la educación superior es esencial y un puente de convergencia. Así lo considera el rector de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), José Emilio Baños Ardavín, en entrevista para CAMPUS de Milenio.

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Wietse de Vries: La cobertura, el mayor desafío de la educación superior

La educación  superior en México enfrenta una serie de desafíos que pasan, en primera instancia, por la cobertura. Una meta que ha estado presente en los últimos años, sin poder aterrizar de forma convincente.
Sin embargo, la obsesiva intención de expandir la matrícula de las universidades e instituciones de educación superior, ha dejado de lado otros aspectos que no han sido atendidos.
De acuerdo con Wietse de Vries, investigador de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), adscrito al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), se trata de un tema que ha estado inmerso en el diseño de las políticas públicas desde sexenios anteriores.
Y en ese trayecto y en esa insistencia, sostiene, se ha descuidado la calidad que se imparte en las instituciones y se elevan ciertos indicadores, cuando en realidad el problema persiste.

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Sylvie Didou Aupetit: La internacionalización no debe reducirse a la movilidad académica

La internacionalización de la educación superior es un asunto de altibajos. Tanto en la agenda del gobierno federal, como en la de las instituciones. Aunque comenzó a tener auge tras la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, la internacionalización no ha podido sostenerse en el escenario.
Desde ese momento, recuerda Sylvie Didou Aupetit, investigadora del Centro de Investigaciones Avanzadas (CINVESTAV) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), las instituciones comenzaron a desarrollar convenios de movilidad social.
Después del Tratado cayó el interés en el tema y reaparece ahora porque, en términos generales, hay más países que se han metido de lleno en este tema.
Pero también, detalla, porque hay voces críticas que señalan que hay que programar ese proceso para obtener mejores resultados y no tener una visión, que es la que predomina en México, de la internacionalización como un sinónimo de movilidad.
En ese sentido, explica, varias instituciones mexicanas están tratando de implementar, por una parte, una política más integral de internacionalización, menos formal y más efectiva.

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Enrique Fernández Fassnacht: Del Congreso Nacional surgirá el nuevo Politécnico

“No pienso en nada más que contribuir a que el Politécnico sea mejor, que de veras se fortalezca,  que despegue en definitiva a lo que le toca ser: sin duda la mejor institución de educación superior tecnológica de este país y sin duda una de las mejores, si no es que la mejor de América Latina”.
Enrique Fernández Fassnacht, director general del Instituto Politécnico Nacional, IPN, tiene todos sus sentidos en ese propósito, y considera que uno de los caminos más tangibles es la realización del Congreso Nacional, de donde  “surgirá el nuevo Politécnico”.
Tiene confianza en que así será. Está convencido de que “en la comunidad Politécnica ha habido el reconocimiento de que una cantidad de cosas han funcionado de una manera que les gustaría que fuera diferente”.
Eso fue el movimiento. Una lucha para que las cosas fueran diferentes.
De ello habla en entrevista para Campus. Recuerda cuando los muchachos estaban en las calles, del diálogo inédito entre un grupo estudiantil, la Asamblea General Politécnica, y el gobierno federal.
Y él, Fernández Fassnacht, presente como representante de la ANUIES, ajeno a su destino inmediato, la dirección general del instituto.
Ahora, ya instalado en las oficinas de Zacatenco, se le nota la emoción que le provoca estar al frente de una las grandes instituciones educativas de México. La que por semanas estuvo en paro y desplegada  en los medios de comunicación, hace apenas un año. Ahora en la normalidad de su vida académica, eso sí, con otro tipo de problemas, con una mayoría que quiere cambios, con una minoría que se resiste. Es una comunidad viva, actuante, en trayecto hacia su futuro.
El ex secretario de la ANUIES  y ex rector de la UAM, recapacita sobre aquellos momentos intensos: “El IPN ya no será el mismo. Hay un Politécnico antes de ese movimiento y hay un Politécnico después.


 


Doctor, ¿Está usted ante el reto más importante de su vida? — le pregunto—
Pues lo pone muy bien, efectivamente. Considero esta posición en el Politécnico como el desafío profesional más grande que he tenido en mi vida. Será porque ya voy de salida profesionalmente y no me puedo ir sin un gran desafío. Pero sí, sí lo considero el desafío más grande de mi carrera académica.

Cuando usted estaba participando en la comisión por el diálogo entre el gobierno y la Asamblea General Politécnica (AGP) en la que hubo días cruciales para el instituto, usted era Secretario General de la ANUIES; ¿qué experiencia le significó el diálogo? ¿Qué significado tuvo este encuentro inédito entre la comunidad estudiantil politécnica y el gobierno federal?
Quizá podría decir en primer lugar que nunca pensé que me iba a sentar en esa mesa. Quizás vale la pena decirlo porque mi posición en ANUIES era la del Secretario General de una asociación civil y yo no era parte del gobierno. De hecho cuando planteé esa inquietud a la SEP me dijeron que se me invitaba en mi carácter de egresado del politécnico, a sabiendas, por supuesto, de que era el Secretario de la ANUIES.
A mí me parece que el movimiento del Politécnico fue un movimiento muy importante. En éste se hicieron planteamientos legítimos por parte de los alumnos de la AGP. Siento que fue un buen  proceso de diálogo, hubo sensibilidad de ambas partes, y al final se pudo llegar a un acuerdo, no sin fricciones a lo largo de todo el camino.
Yo le puedo decir -porque se ha cuestionado en ocasiones por parte de los mismos alumnos de la AGP- que yo me había sentado en esa mesa a sabiendas de que iba a ser el Director del IPN: nada más alejado de la realidad. De hecho yo nunca estuve en otra calidad que no fuera Secretario General de la ANUIES hasta, por supuesto, el día 19 de noviembre, día que se anunció mi nombramiento. Recuerdo que yo compadecía a los miembros de la mesa de negociaciones del gobierno porque muchos de nosotros nos íbamos a nuestra casa, de hecho tú incluido, y se quedaban unos cuantos redactando los acuerdos. Y recuerdo que me lamentaba de su suerte. Pero lo que nunca pensé fue que después se iban a ir todos y me iban a dejar a mí solo en la mesa de diálogo, ya con un pliego petitorio de los alumnos, una especie de demanda interna que al final suscribimos, y el IPN poco a poco fue recuperando la normalidad.
Y creo que el IPN ya no será el mismo. Hay un Politécnico antes de ese movimiento y hay un Politécnico después. Confío en que se va a celebrar el Congreso Nacional Politécnico que será un espacio de reflexión para redefinirlo de cara a los retos que plantea el Siglo XXI; por supuesto, sin soslayar de ninguna manera los orígenes del Politécnico, su pasado y su presente. Pero sí es importante hacer un alto en el camino, que la comunidad reflexione sobre lo que hará en el futuro, y yo creo que en ese sentido el Congreso representará una gran oportunidad.

Al asumir el cargo, ¿Cuál era el ambiente del IPN y cuál fue la actitud de esta comunidad frente a usted?
Tengo que decir que me sentí bien recibido. Recuerdo cuando se anuncia el nombramiento, en la primera oportunidad que me siento en la mesa de diálogo, los alumnos me invitan a estar de lado de ellos y no del lado de las autoridades. Cosa que yo accedí porque finalmente ya era el director del Politécnico. Digamos que la discusión en la mesa de negociación había tenido una cierta dinámica que se percibía todavía cuando  me nombraron director. Sin embargo, siempre sentí buen ánimo de los alumnos y buena aceptación en general.
Y eso fue muy importante como punto de partida para iniciar mi gestión al frente del Politécnico. Sí veníamos de un proceso complicado, sí era cuestión de ir logrando la apertura de todas las escuelas, el invitar a los directores a que ellos mismos discutieran con los alumnos los pliegos petitorios que tenía cada una de las escuelas, en términos generales empezamos, fui bien recibido, y eso me permitió ir creando las condiciones para que el IPN recuperara la normalidad.

De algunos sectores, incluido gente del Politécnico, he escuchado de la existencia en la institución de una crisis. ¿Esto es así?
No, yo diría que no hay una crisis. Diría que hay una efervescencia interna, no una crisis. Lo que está pasando es por otra cosa. En el IPN hemos estado haciendo cosas inéditas. Un ejemplo para que se entienda: cuando llegué había una cantidad de denuncias de corrupción, para decirlo así de claro, todos los días recibía varias. Ahora, yo no sé qué esté pasando pero prácticamente ya no recibo. Y por supuesto, las que se presentan de vez en cuando las atendemos inmediatamente.

Y se han combatido…
Se han combatido por supuesto. El órgano interno de control del IPN sigue haciendo las auditorías, que fueron acordadas en la mesa de diálogo. Claro, el IPN es muy grande y esto toma tiempo pero se han estado atendiendo. Creo que mucha gente estaba acostumbrada a una cierta manera de funcionar en el Politécnico, a algunos les representaba beneficios de distintos tipos, incluidos beneficios económicos.

Digamos que hay en el IPN, en realidad, una efervescencia por transformarlo. ¿Es lo que usted me quiere decir? ¿Por cambiar las cosas, por modificar la ética política institucional?
Pienso que la mayoría de la comunidad politécnica sí. En los grupos que mencionaba antes puede haber una resistencia importancia a que eso se dé. En fin, les cambia el panorama, y hay una cantidad de cosas que quizás se podían hacer antes, y ya no se pueden hacer o ya no se podrán hacer.
En ese sentido diría que esa actitud existe. Yo siento que sí he logrado credibilidad en la gente del Politécnico. Claro, hay que preguntarle a la mayor cantidad de gente posible y seguramente ése será el efecto. Esto ha sido básicamente porque he procurado que lo que hago sea congruente con lo que digo. Ésa ha sido mi forma de ser siempre. Lo he hecho en el Politécnico ya hay muchos en la comunidad  que lo empiezan a creer seriamente.

¿Y en qué sentido quiere que la comunidad entienda su conducta?
Que mi conducta refleje lo que soy: incapaz de hacer cualquier cosa deshonesta. Yo trabajo con honestidad, no sólo en lo económico, en lo académico sino en todos los aspectos. Hemos declarado, por ejemplo, que la única manera de ingresar al Politécnico será a partir del examen de admisión. Esto  fue muy aplaudido por el Consejo General Politécnico,  que por unanimidad respaldó esa decisión. Pero luego hay otros grupos que piensan que hay una diferencia entre lo que se hace y lo que se dice. Entonces, cuando yo después de decirlo, actúo, empieza un forcejeo con gente que estaba acostumbrada a un manejo distinto.

¿Cómo ha sido su relación con la parte del movimiento que realmente estaba por la transformación del IPN?  ¿Cómo ha prosperado, cómo ha procedido en concreción de los acuerdos?
Qué bueno que me preguntas eso. El mejor ejemplo de esto son las conversaciones que he tenido, digamos, respecto de la integración de la comisión organizadora del Congreso Nacional Politécnico, que es parte de los acuerdos que se celebraron con la AGP. Ha sido un proceso largo, de hecho teníamos mayo como plazo para integrar la comisión. Este proceso ha sido difícil, es una negociación, es una cuestión de entender las razones de unos y otros. Y ahora puedo decir que estamos a un paso de tener la comisión organizadora definida. Habremos por supuesto de llevar elecciones para nombrar a los representantes en la comisión y tengo que decir que mi relación con los alumnos de la AGP es cada vez de mayor confianza, y esto quizás se debe a que de ambas partes se han respetado los acuerdos que se toman en esa mesa y vamos caminando. Confío en que integraremos esa comisión y que finalmente estaremos el próximo año organizando y celebrando el CGP.

¿Cómo definiría el esfuerzo de usted con los politécnicos en función precisa del objetivo más importante que tenga la comunidad?
En este momento el objetivo mayor se centra en el CGP. Eso no significa que no hagamos cosas en el camino. De hecho hemos llevado a cabo un proceso de planeación estratégica el cual plantea el desarrollo del Politécnico en lo académico, en la gestión, en lo que refiere a la transparencia y rendición de cuentas, en lo cultural, lo deportivo y demás. Estamos caminando en esas líneas. Pero sí,  ahora el asunto del CGP es un asunto importante, pues de ahí va a surgir el nuevo Politécnico.
Hablo mucho de la renovación integral del Politécnico. Y parte de la renovación integral es tener  como diagnóstico el Congreso y sus resultados, que ésa sea la base para hacer lo que corresponda por los canales adecuados. ¿Qué podría surgir de un congreso? Pues podría surgir la reforma a la ley orgánica del IPN, reformas a los reglamentos internos, siempre, espero yo, buscando el mejor funcionamiento del IPN.
Hay un tema importante: aunque el Politécnico como sabemos es un organismo desconcentrado de la SEP, tiene una ley orgánica emitida por el Congreso de la Unión y el Politécnico tiene capacidad de gestión y capacidad de administrar su propio patrimonio. Y tengo que decir que en ocasiones de facto no sucede así. Entonces, el IPN tiene que recargar su carácter de organismo desconcentrado, o bien pensar en otras formas de organización del IPN, en otra personalidad jurídica. Incluso, un tema muy polémico en el Politécnico entre paréntesis, pero sí tiene que buscar el IPN crear las condiciones para poder llevar a cabo sus funciones sustantivas de la mejor manera posible.

Está usted hablando de la autonomía del Politécnico…
Estoy hablando de la autonomía del Politécnico. Mucha gente en el IPN  se resiste a hablar de eso; yo no estoy casado con la idea de que el Politécnico sea autónomo. Es más, respeto a quienes argumentan para no convertirnos en una institución autónoma, que no es lo mismo nacer autónomo, como fue la institución universitaria de la que yo venía antes,  la UAM, que convertirse en autónomo. Convertirse en autónomo plantea una serie de dificultades y procesos seguramente complicados en el tiempo, incluso; sin embargo,  en una institución de educación superior no hay que negarse a discutir nada, de tal suerte que si el Politécnico decide que quiere ser autónomo, habrá que ir al Congreso, plantear el asunto y si decide ser un organismo desconcentrado o  hacer algunas modificaciones a la ley orgánica para reforzar su autonomía de gestión, sobre todo, para mí está bien. No es una decisión que voy a imponer, es una decisión que tomarán los Politécnicos.

Quizás porque los que se oponen a ello no saben que la autonomía se conquista en los hechos. La conquista la comunidad…
Sí, puede ser, aunque por otro lado, pongo a consideración la forma de interpretar la realidad por parte de algunos: el Politécnico es una institución de muchos símbolos, de iconos que vienen de muchos años atrás. El hecho de que el Politécnico lo haya fundado Lázaro Cárdenas, Presidente de la República; el ritual que se da año con año el día del Politécnico entre el Presidente y los politécnicos; la toma de protesta del Presidente al Director o Directora General del IPN. Todo eso tiene un significado que los politécnicos aprecian mucho y que no fácilmente quisieran que cambiara. Y además de que hay muchas cosas alrededor de la autonomía. Yo sí soy partidario de la autonomía en particular pero insisto, pero, por ejemplo, está el tema el tema sindical. Se puede decir abiertamente que el sindicato del IPN forma parte del SNTE. Si el Politécnico se convirtiera en una institución autónoma, tendría que pasar de este sindicato a un sindicato independiente como funciona en las universidades públicas autónomas por ley.
El tema de la autonomía, como se puede ver, tiene muchas aristas, pero sí creo que debiera haber una reflexión respecto  de qué podría representar en el futuro para el Politécnico convertirse en una institución autónoma por ley.

En el horizonte del IPN ¿cuáles serían los temas más urgentes?
Son muchos y variados.  El Politécnico a lo largo de los años ha desarrollado capacidades para hacer investigación, cuando originalmente se crea por el ingeniero Eugenio Méndez Docurro el CINVESTAV como el brazo investigador del Politécnico. Pero de facto al interior del mismo Politécnico se han construido muchas capacidades para la investigación. Hoy tiene ya más de mil cien investigadores nacionales, lo cual es una fortaleza importantísima. Pero es muy curioso que casi no se habla de la investigación que se hace en el Politécnico con la docencia a nivel de licenciatura y de nivel Medio Superior. Este es un problema sobre lo que hay que trabajar.
Pero hay  un problema académico estructural importantísimo y  del que  derivan muchas cosas y que tiene que ver con el sindicato: el manejo de las plazas académicas en el Politécnico. Aquí tenemos mucha gente que por muchos años ha buscado tener una plaza de tiempo completo y no lo ha podido lograr porque las horas se van otorgando a cuentagotas. Y esto ha generado en la comunidad  un resentimiento muy grande. Hay gente que no puede despegar académicamente por esta situación.
Es un problema complejo, ciertamente, pero en la agenda del Director General está buscar fórmulas para ir normalizando la situación de los profesores. En las universidades autónomas hay profesores de carrera y profesores por horas digamos, nada más. Aquí hay por horas, poquitas horas, horas de interinato combinadas con horas de base, 19 horas, entre dos y 39 horas, algunos de 40. Es una cosa complicadísima la verdad  y creo que es un problema que el Politécnico debe resolver.
Estar sujetos a las formas de administrar de la administración pública general, no es para una institución de educación superior, la cual  necesita agilidad para hacer muchas cosas. No quiere decir que no tenga procedimientos, o que no rinda cuentas o que no haya transparencia o que no estemos al final obligados por la ética y por los procedimientos que pudiera darse el propio Politécnico a proceder correctamente, pero el tema de la gestión administrativa es un tema importante.
Tenemos escuelas muy buenas y otras en proceso de serlo. Estamos promoviendo un modelo de evaluación  que nos permita analizar,   conforme un estándar, dónde está ubicada cada escuela y desarrollen un programa específico de desarrollo, y lograr que todas tengan un nivel uniforme. Lo mismo de los Centros de Investigación y de los centros de Educación Continua.

Cuando se pretende transformar una institución, siempre se diagnostican aspectos negativos, aparecen distorsiones, deformaciones, o sea, los problemas que tienen las instituciones. Pero también se rescatan fortalezas. Reconociéndolas unas y otras, ¿cuál debe ser la posición del IPN frente a la sociedad?
Otra vez diría que no hay un descenso en el nivel académico del Politécnico. Yo diría más bien que hay una percepción del descenso del nivel académico. Una institución tan grande que se construye  hace 79 años,  próxima a cumplir los 80, no se convierte en una peor institución en un año. Ciertamente hay que decir que el movimiento tuvo algún efecto quizá en el ánimo de los aspirantes a ingresar al Politécnico. Pero el Politécnico es muy fuerte. La principal fortaleza que tiene es su prestigio,  la altísima cantidad de egresados que tiene. El Politécnico debe estarse acercando, al millón de egresados; está presente en todos lados. No se concibe el país sin el Politécnico Nacional. La contribución del Politécnico al desarrollo de las industrias eléctrica, petrolera, la misma ingeniería civil a partir de obras, presas, caminos, es enorme.
Considero que ésa es la fortaleza más grande y la base para hacer todo lo demás. Los egresados del Politécnico son muy reconocidos y no me refiero a los egresados del año pasado, o de cinco años atrás o diez, sino los egresados del Politécnico en general. A mí me da mucho gusto que a cualquier lugar al que voy se habla bien de los egresados del Politécnico. Entonces, creo que hay que aprovechar este prestigio para convencer que el Politécnico requiere más recursos para hacer convenios de colaboración con universidades y países del mundo, para mover a nuestros profesores y alumnos, en fin, para muchas cosas.
Llama mucho la atención que países  no sólo de América Latina sino de instituciones europeas y Asia buscan vincularse con el Politécnico Nacional. Al Politécnico todo mundo le quiere ayudar. Y el Politécnico tiene además una vocación histórica de contribuir al bienestar de la sociedad, por ejemplo el servicio social comunitario. Las comunidades más apartadas reciben estudiantes del Politécnico que los ayudan a resolver problemas, se  tiene un aprecio por nuestra gente, por nuestro instituto que, eso sí, no se cambia por nada.

Explique más eso de la “efervescencia”. Parece decir que está bullendo algo, que algo se está transformando. ¿Cómo la definiría desde el punto de vista de lo que usted como DG y lo que la AGP, la comunidad politécnica, quiere hacer?
Creo que coincidimos en el deseo de cambiar al IPN. Es decir, creo que en la comunidad Politécnica ha habido el reconocimiento de que una cantidad de cosas han funcionado de una manera que les gustaría que fuera diferente. Están viendo, creo, en la administración actual la posibilidad de que el cambio se dé. Y en ese sentido me siento muy protegido por esa gente, aunque, por supuesto, en contraposición de otras fuerzas que tienen intereses y quisieran que nada cambiara.
No obstante sí hay en la mayoría de los Politécnicos un deseo de cambio, y me considero -no creo en el destino ni en la fortuna en ese sentido- como alguien que puede contribuir a que el Politécnico cambie.
¿Qué me hace quizás, no sé si diferente, pero sí una persona que podría servir a ese propósito? Que en lo personal no tengo aspiraciones políticas. En los lugares donde he tenido la suerte de trabajar, he visto ese momento como el momento más importante. No pienso en nada más que contribuir a que el Politécnico sea mejor, que el Politécnico de veras se fortalezca,  que despegue en definitiva a lo que le toca ser: sin duda la mejor institución de educación superior tecnológica de este país y sin duda una de las mejores, si no es que la mejor de América Latina.

Jorge Medina Viedas

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Una visión humanista, parte de nuestra naturaleza universitaria: rector de la UPAEP

En el contexto actual, es difícil mantener un equilibrio entre responder a las necesidades globales y locales, sin dejar a un lado los valores que deben caracterizar a una institución de educación superior de calidad.
Para la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), la visión humanista es parte de su naturaleza universitaria. Y más que verlo como un conflicto o una contraposición, se trata de un distintivo que poseen los egresados de la institución.
Así lo aseguró en entrevista para Campus su rector, Emilio José Baños Ardavín. El rector de la UPAEP comentó que 87 por ciento de sus egresados se colocan en el mercado laboral en los primeros seis meses. Esto incluye también a quienes emprenden proyectos por su cuenta, un área que la institución ha empujado de forma constante e innovadora.

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Pertinencia en los programas de la UIC

Ante el clima de cambio y reajustes que mueven al mercado laboral cada vez más rápido, los egresados de las universidades deben contar con una educación pertinente y capacidades para las necesidades del campo.
Así lo expresó en entrevista para Campus el vicerrector de la Universidad Intercontinental (UIC), Hugo Antonio Avendaño. Por ello, la UIC se encuentra en un rediseño prácticamente del cien por ciento de sus programas y planes de estudios. Las exigencias son fuertes y por lo tanto la universidad tiene el reto de mantenerse vigente y actualizada, señaló.

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Universidades politécnicas y tecnológicas, un gran motor para los jóvenes

Las universidades politécnicas y tecnológicas iniciaron en México en 1991 como resultado del modelo francés que acuñó los institutos universitarios de tecnología. En primera instancia, surgen con el propósito de descentralizar los servicios educativos, ampliar y diversificar la oferta con el nivel de Técnico Superior Universitario que no existía en la pirámide educativa nacional.
Además, buscan favorecer la vinculación entre la academia y la industria. Se trata, explicó, de un tema por el que se ha luchado para estar más cerca con los empleadores, quien finalmente oferta los puestos de trabajo para los egresados de este modelo educativo. Así lo explicó en entrevista para Campus el Coordinador General de Universidades Tecnológicas y Politécnicas, Héctor Arreola Soria.

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Educación abierta y a distancia, primera opción para muchos mexicanos

La Universidad Abierta y a Distancia de México (UnADM) no solo es una opción viable para quienes quieren ingresar al sistema de educación superior sino que, en muchos casos, se trata de la única, ya sea por razones geográficas o laborales.
Así lo aseguró para Campus su rector, Francisco Cervantes Pérez, al referirse a la imperiosa necesidad que existe en nuestro país por llevar la oferta de este nivel a todos los rincones de México. De ahí la importancia de la UnADM para llevar una educación superior de calidad a lugares remotos o aislados del territorio.
Por eso, quienes ofrecen esta modalidad deben asegurarse de ofrecer calidad en todos los procesos, además deben ser inclusivos, para permitir el acceso, e incluyentes, para garantizar que existan las condiciones para realizar los estudios de manera adecuada, exigió.

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