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Entrevistas

Enrique Fernández Fassnacht: Del Congreso Nacional surgirá el nuevo Politécnico

“No pienso en nada más que contribuir a que el Politécnico sea mejor, que de veras se fortalezca,  que despegue en definitiva a lo que le toca ser: sin duda la mejor institución de educación superior tecnológica de este país y sin duda una de las mejores, si no es que la mejor de América Latina”.
Enrique Fernández Fassnacht, director general del Instituto Politécnico Nacional, IPN, tiene todos sus sentidos en ese propósito, y considera que uno de los caminos más tangibles es la realización del Congreso Nacional, de donde  “surgirá el nuevo Politécnico”.
Tiene confianza en que así será. Está convencido de que “en la comunidad Politécnica ha habido el reconocimiento de que una cantidad de cosas han funcionado de una manera que les gustaría que fuera diferente”.
Eso fue el movimiento. Una lucha para que las cosas fueran diferentes.
De ello habla en entrevista para Campus. Recuerda cuando los muchachos estaban en las calles, del diálogo inédito entre un grupo estudiantil, la Asamblea General Politécnica, y el gobierno federal.
Y él, Fernández Fassnacht, presente como representante de la ANUIES, ajeno a su destino inmediato, la dirección general del instituto.
Ahora, ya instalado en las oficinas de Zacatenco, se le nota la emoción que le provoca estar al frente de una las grandes instituciones educativas de México. La que por semanas estuvo en paro y desplegada  en los medios de comunicación, hace apenas un año. Ahora en la normalidad de su vida académica, eso sí, con otro tipo de problemas, con una mayoría que quiere cambios, con una minoría que se resiste. Es una comunidad viva, actuante, en trayecto hacia su futuro.
El ex secretario de la ANUIES  y ex rector de la UAM, recapacita sobre aquellos momentos intensos: “El IPN ya no será el mismo. Hay un Politécnico antes de ese movimiento y hay un Politécnico después.


 


Doctor, ¿Está usted ante el reto más importante de su vida? — le pregunto—
Pues lo pone muy bien, efectivamente. Considero esta posición en el Politécnico como el desafío profesional más grande que he tenido en mi vida. Será porque ya voy de salida profesionalmente y no me puedo ir sin un gran desafío. Pero sí, sí lo considero el desafío más grande de mi carrera académica.

Cuando usted estaba participando en la comisión por el diálogo entre el gobierno y la Asamblea General Politécnica (AGP) en la que hubo días cruciales para el instituto, usted era Secretario General de la ANUIES; ¿qué experiencia le significó el diálogo? ¿Qué significado tuvo este encuentro inédito entre la comunidad estudiantil politécnica y el gobierno federal?
Quizá podría decir en primer lugar que nunca pensé que me iba a sentar en esa mesa. Quizás vale la pena decirlo porque mi posición en ANUIES era la del Secretario General de una asociación civil y yo no era parte del gobierno. De hecho cuando planteé esa inquietud a la SEP me dijeron que se me invitaba en mi carácter de egresado del politécnico, a sabiendas, por supuesto, de que era el Secretario de la ANUIES.
A mí me parece que el movimiento del Politécnico fue un movimiento muy importante. En éste se hicieron planteamientos legítimos por parte de los alumnos de la AGP. Siento que fue un buen  proceso de diálogo, hubo sensibilidad de ambas partes, y al final se pudo llegar a un acuerdo, no sin fricciones a lo largo de todo el camino.
Yo le puedo decir -porque se ha cuestionado en ocasiones por parte de los mismos alumnos de la AGP- que yo me había sentado en esa mesa a sabiendas de que iba a ser el Director del IPN: nada más alejado de la realidad. De hecho yo nunca estuve en otra calidad que no fuera Secretario General de la ANUIES hasta, por supuesto, el día 19 de noviembre, día que se anunció mi nombramiento. Recuerdo que yo compadecía a los miembros de la mesa de negociaciones del gobierno porque muchos de nosotros nos íbamos a nuestra casa, de hecho tú incluido, y se quedaban unos cuantos redactando los acuerdos. Y recuerdo que me lamentaba de su suerte. Pero lo que nunca pensé fue que después se iban a ir todos y me iban a dejar a mí solo en la mesa de diálogo, ya con un pliego petitorio de los alumnos, una especie de demanda interna que al final suscribimos, y el IPN poco a poco fue recuperando la normalidad.
Y creo que el IPN ya no será el mismo. Hay un Politécnico antes de ese movimiento y hay un Politécnico después. Confío en que se va a celebrar el Congreso Nacional Politécnico que será un espacio de reflexión para redefinirlo de cara a los retos que plantea el Siglo XXI; por supuesto, sin soslayar de ninguna manera los orígenes del Politécnico, su pasado y su presente. Pero sí es importante hacer un alto en el camino, que la comunidad reflexione sobre lo que hará en el futuro, y yo creo que en ese sentido el Congreso representará una gran oportunidad.

Al asumir el cargo, ¿Cuál era el ambiente del IPN y cuál fue la actitud de esta comunidad frente a usted?
Tengo que decir que me sentí bien recibido. Recuerdo cuando se anuncia el nombramiento, en la primera oportunidad que me siento en la mesa de diálogo, los alumnos me invitan a estar de lado de ellos y no del lado de las autoridades. Cosa que yo accedí porque finalmente ya era el director del Politécnico. Digamos que la discusión en la mesa de negociación había tenido una cierta dinámica que se percibía todavía cuando  me nombraron director. Sin embargo, siempre sentí buen ánimo de los alumnos y buena aceptación en general.
Y eso fue muy importante como punto de partida para iniciar mi gestión al frente del Politécnico. Sí veníamos de un proceso complicado, sí era cuestión de ir logrando la apertura de todas las escuelas, el invitar a los directores a que ellos mismos discutieran con los alumnos los pliegos petitorios que tenía cada una de las escuelas, en términos generales empezamos, fui bien recibido, y eso me permitió ir creando las condiciones para que el IPN recuperara la normalidad.

De algunos sectores, incluido gente del Politécnico, he escuchado de la existencia en la institución de una crisis. ¿Esto es así?
No, yo diría que no hay una crisis. Diría que hay una efervescencia interna, no una crisis. Lo que está pasando es por otra cosa. En el IPN hemos estado haciendo cosas inéditas. Un ejemplo para que se entienda: cuando llegué había una cantidad de denuncias de corrupción, para decirlo así de claro, todos los días recibía varias. Ahora, yo no sé qué esté pasando pero prácticamente ya no recibo. Y por supuesto, las que se presentan de vez en cuando las atendemos inmediatamente.

Y se han combatido…
Se han combatido por supuesto. El órgano interno de control del IPN sigue haciendo las auditorías, que fueron acordadas en la mesa de diálogo. Claro, el IPN es muy grande y esto toma tiempo pero se han estado atendiendo. Creo que mucha gente estaba acostumbrada a una cierta manera de funcionar en el Politécnico, a algunos les representaba beneficios de distintos tipos, incluidos beneficios económicos.

Digamos que hay en el IPN, en realidad, una efervescencia por transformarlo. ¿Es lo que usted me quiere decir? ¿Por cambiar las cosas, por modificar la ética política institucional?
Pienso que la mayoría de la comunidad politécnica sí. En los grupos que mencionaba antes puede haber una resistencia importancia a que eso se dé. En fin, les cambia el panorama, y hay una cantidad de cosas que quizás se podían hacer antes, y ya no se pueden hacer o ya no se podrán hacer.
En ese sentido diría que esa actitud existe. Yo siento que sí he logrado credibilidad en la gente del Politécnico. Claro, hay que preguntarle a la mayor cantidad de gente posible y seguramente ése será el efecto. Esto ha sido básicamente porque he procurado que lo que hago sea congruente con lo que digo. Ésa ha sido mi forma de ser siempre. Lo he hecho en el Politécnico ya hay muchos en la comunidad  que lo empiezan a creer seriamente.

¿Y en qué sentido quiere que la comunidad entienda su conducta?
Que mi conducta refleje lo que soy: incapaz de hacer cualquier cosa deshonesta. Yo trabajo con honestidad, no sólo en lo económico, en lo académico sino en todos los aspectos. Hemos declarado, por ejemplo, que la única manera de ingresar al Politécnico será a partir del examen de admisión. Esto  fue muy aplaudido por el Consejo General Politécnico,  que por unanimidad respaldó esa decisión. Pero luego hay otros grupos que piensan que hay una diferencia entre lo que se hace y lo que se dice. Entonces, cuando yo después de decirlo, actúo, empieza un forcejeo con gente que estaba acostumbrada a un manejo distinto.

¿Cómo ha sido su relación con la parte del movimiento que realmente estaba por la transformación del IPN?  ¿Cómo ha prosperado, cómo ha procedido en concreción de los acuerdos?
Qué bueno que me preguntas eso. El mejor ejemplo de esto son las conversaciones que he tenido, digamos, respecto de la integración de la comisión organizadora del Congreso Nacional Politécnico, que es parte de los acuerdos que se celebraron con la AGP. Ha sido un proceso largo, de hecho teníamos mayo como plazo para integrar la comisión. Este proceso ha sido difícil, es una negociación, es una cuestión de entender las razones de unos y otros. Y ahora puedo decir que estamos a un paso de tener la comisión organizadora definida. Habremos por supuesto de llevar elecciones para nombrar a los representantes en la comisión y tengo que decir que mi relación con los alumnos de la AGP es cada vez de mayor confianza, y esto quizás se debe a que de ambas partes se han respetado los acuerdos que se toman en esa mesa y vamos caminando. Confío en que integraremos esa comisión y que finalmente estaremos el próximo año organizando y celebrando el CGP.

¿Cómo definiría el esfuerzo de usted con los politécnicos en función precisa del objetivo más importante que tenga la comunidad?
En este momento el objetivo mayor se centra en el CGP. Eso no significa que no hagamos cosas en el camino. De hecho hemos llevado a cabo un proceso de planeación estratégica el cual plantea el desarrollo del Politécnico en lo académico, en la gestión, en lo que refiere a la transparencia y rendición de cuentas, en lo cultural, lo deportivo y demás. Estamos caminando en esas líneas. Pero sí,  ahora el asunto del CGP es un asunto importante, pues de ahí va a surgir el nuevo Politécnico.
Hablo mucho de la renovación integral del Politécnico. Y parte de la renovación integral es tener  como diagnóstico el Congreso y sus resultados, que ésa sea la base para hacer lo que corresponda por los canales adecuados. ¿Qué podría surgir de un congreso? Pues podría surgir la reforma a la ley orgánica del IPN, reformas a los reglamentos internos, siempre, espero yo, buscando el mejor funcionamiento del IPN.
Hay un tema importante: aunque el Politécnico como sabemos es un organismo desconcentrado de la SEP, tiene una ley orgánica emitida por el Congreso de la Unión y el Politécnico tiene capacidad de gestión y capacidad de administrar su propio patrimonio. Y tengo que decir que en ocasiones de facto no sucede así. Entonces, el IPN tiene que recargar su carácter de organismo desconcentrado, o bien pensar en otras formas de organización del IPN, en otra personalidad jurídica. Incluso, un tema muy polémico en el Politécnico entre paréntesis, pero sí tiene que buscar el IPN crear las condiciones para poder llevar a cabo sus funciones sustantivas de la mejor manera posible.

Está usted hablando de la autonomía del Politécnico…
Estoy hablando de la autonomía del Politécnico. Mucha gente en el IPN  se resiste a hablar de eso; yo no estoy casado con la idea de que el Politécnico sea autónomo. Es más, respeto a quienes argumentan para no convertirnos en una institución autónoma, que no es lo mismo nacer autónomo, como fue la institución universitaria de la que yo venía antes,  la UAM, que convertirse en autónomo. Convertirse en autónomo plantea una serie de dificultades y procesos seguramente complicados en el tiempo, incluso; sin embargo,  en una institución de educación superior no hay que negarse a discutir nada, de tal suerte que si el Politécnico decide que quiere ser autónomo, habrá que ir al Congreso, plantear el asunto y si decide ser un organismo desconcentrado o  hacer algunas modificaciones a la ley orgánica para reforzar su autonomía de gestión, sobre todo, para mí está bien. No es una decisión que voy a imponer, es una decisión que tomarán los Politécnicos.

Quizás porque los que se oponen a ello no saben que la autonomía se conquista en los hechos. La conquista la comunidad…
Sí, puede ser, aunque por otro lado, pongo a consideración la forma de interpretar la realidad por parte de algunos: el Politécnico es una institución de muchos símbolos, de iconos que vienen de muchos años atrás. El hecho de que el Politécnico lo haya fundado Lázaro Cárdenas, Presidente de la República; el ritual que se da año con año el día del Politécnico entre el Presidente y los politécnicos; la toma de protesta del Presidente al Director o Directora General del IPN. Todo eso tiene un significado que los politécnicos aprecian mucho y que no fácilmente quisieran que cambiara. Y además de que hay muchas cosas alrededor de la autonomía. Yo sí soy partidario de la autonomía en particular pero insisto, pero, por ejemplo, está el tema el tema sindical. Se puede decir abiertamente que el sindicato del IPN forma parte del SNTE. Si el Politécnico se convirtiera en una institución autónoma, tendría que pasar de este sindicato a un sindicato independiente como funciona en las universidades públicas autónomas por ley.
El tema de la autonomía, como se puede ver, tiene muchas aristas, pero sí creo que debiera haber una reflexión respecto  de qué podría representar en el futuro para el Politécnico convertirse en una institución autónoma por ley.

En el horizonte del IPN ¿cuáles serían los temas más urgentes?
Son muchos y variados.  El Politécnico a lo largo de los años ha desarrollado capacidades para hacer investigación, cuando originalmente se crea por el ingeniero Eugenio Méndez Docurro el CINVESTAV como el brazo investigador del Politécnico. Pero de facto al interior del mismo Politécnico se han construido muchas capacidades para la investigación. Hoy tiene ya más de mil cien investigadores nacionales, lo cual es una fortaleza importantísima. Pero es muy curioso que casi no se habla de la investigación que se hace en el Politécnico con la docencia a nivel de licenciatura y de nivel Medio Superior. Este es un problema sobre lo que hay que trabajar.
Pero hay  un problema académico estructural importantísimo y  del que  derivan muchas cosas y que tiene que ver con el sindicato: el manejo de las plazas académicas en el Politécnico. Aquí tenemos mucha gente que por muchos años ha buscado tener una plaza de tiempo completo y no lo ha podido lograr porque las horas se van otorgando a cuentagotas. Y esto ha generado en la comunidad  un resentimiento muy grande. Hay gente que no puede despegar académicamente por esta situación.
Es un problema complejo, ciertamente, pero en la agenda del Director General está buscar fórmulas para ir normalizando la situación de los profesores. En las universidades autónomas hay profesores de carrera y profesores por horas digamos, nada más. Aquí hay por horas, poquitas horas, horas de interinato combinadas con horas de base, 19 horas, entre dos y 39 horas, algunos de 40. Es una cosa complicadísima la verdad  y creo que es un problema que el Politécnico debe resolver.
Estar sujetos a las formas de administrar de la administración pública general, no es para una institución de educación superior, la cual  necesita agilidad para hacer muchas cosas. No quiere decir que no tenga procedimientos, o que no rinda cuentas o que no haya transparencia o que no estemos al final obligados por la ética y por los procedimientos que pudiera darse el propio Politécnico a proceder correctamente, pero el tema de la gestión administrativa es un tema importante.
Tenemos escuelas muy buenas y otras en proceso de serlo. Estamos promoviendo un modelo de evaluación  que nos permita analizar,   conforme un estándar, dónde está ubicada cada escuela y desarrollen un programa específico de desarrollo, y lograr que todas tengan un nivel uniforme. Lo mismo de los Centros de Investigación y de los centros de Educación Continua.

Cuando se pretende transformar una institución, siempre se diagnostican aspectos negativos, aparecen distorsiones, deformaciones, o sea, los problemas que tienen las instituciones. Pero también se rescatan fortalezas. Reconociéndolas unas y otras, ¿cuál debe ser la posición del IPN frente a la sociedad?
Otra vez diría que no hay un descenso en el nivel académico del Politécnico. Yo diría más bien que hay una percepción del descenso del nivel académico. Una institución tan grande que se construye  hace 79 años,  próxima a cumplir los 80, no se convierte en una peor institución en un año. Ciertamente hay que decir que el movimiento tuvo algún efecto quizá en el ánimo de los aspirantes a ingresar al Politécnico. Pero el Politécnico es muy fuerte. La principal fortaleza que tiene es su prestigio,  la altísima cantidad de egresados que tiene. El Politécnico debe estarse acercando, al millón de egresados; está presente en todos lados. No se concibe el país sin el Politécnico Nacional. La contribución del Politécnico al desarrollo de las industrias eléctrica, petrolera, la misma ingeniería civil a partir de obras, presas, caminos, es enorme.
Considero que ésa es la fortaleza más grande y la base para hacer todo lo demás. Los egresados del Politécnico son muy reconocidos y no me refiero a los egresados del año pasado, o de cinco años atrás o diez, sino los egresados del Politécnico en general. A mí me da mucho gusto que a cualquier lugar al que voy se habla bien de los egresados del Politécnico. Entonces, creo que hay que aprovechar este prestigio para convencer que el Politécnico requiere más recursos para hacer convenios de colaboración con universidades y países del mundo, para mover a nuestros profesores y alumnos, en fin, para muchas cosas.
Llama mucho la atención que países  no sólo de América Latina sino de instituciones europeas y Asia buscan vincularse con el Politécnico Nacional. Al Politécnico todo mundo le quiere ayudar. Y el Politécnico tiene además una vocación histórica de contribuir al bienestar de la sociedad, por ejemplo el servicio social comunitario. Las comunidades más apartadas reciben estudiantes del Politécnico que los ayudan a resolver problemas, se  tiene un aprecio por nuestra gente, por nuestro instituto que, eso sí, no se cambia por nada.

Explique más eso de la “efervescencia”. Parece decir que está bullendo algo, que algo se está transformando. ¿Cómo la definiría desde el punto de vista de lo que usted como DG y lo que la AGP, la comunidad politécnica, quiere hacer?
Creo que coincidimos en el deseo de cambiar al IPN. Es decir, creo que en la comunidad Politécnica ha habido el reconocimiento de que una cantidad de cosas han funcionado de una manera que les gustaría que fuera diferente. Están viendo, creo, en la administración actual la posibilidad de que el cambio se dé. Y en ese sentido me siento muy protegido por esa gente, aunque, por supuesto, en contraposición de otras fuerzas que tienen intereses y quisieran que nada cambiara.
No obstante sí hay en la mayoría de los Politécnicos un deseo de cambio, y me considero -no creo en el destino ni en la fortuna en ese sentido- como alguien que puede contribuir a que el Politécnico cambie.
¿Qué me hace quizás, no sé si diferente, pero sí una persona que podría servir a ese propósito? Que en lo personal no tengo aspiraciones políticas. En los lugares donde he tenido la suerte de trabajar, he visto ese momento como el momento más importante. No pienso en nada más que contribuir a que el Politécnico sea mejor, que el Politécnico de veras se fortalezca,  que despegue en definitiva a lo que le toca ser: sin duda la mejor institución de educación superior tecnológica de este país y sin duda una de las mejores, si no es que la mejor de América Latina.

Jorge Medina Viedas

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