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Opinión

La reforma de Córdoba: Evocación y actualidad / I

En este 2018 se cumplen cien años del Movimiento de Córdoba (MC), aquel acontecimiento identificado con frases que se estrenaban, como reforma universitaria, y acciones que por primera vez se implantaban en el mundo de la educación superior, como autonomía institucional o cogobierno estudiantil.  El MC no es el único y el primero que en América Latina enarbola esas banderas, pero sí el de mayor impacto, probablemente por el tipo de oposición que hicieron tanto las autoridades universitarias como algunas gubernamentales. De acuerdo con ello, a partir de 1918, con el MC podría decirse que se inaugura también una temática: la relación entre Estado y universidad y, más frecuentemente, el conflicto entre instituciones de educación superior y gobiernos, llámense nacionales o locales.  

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Espacio Europeo de Educación Superior: Retos a futuro

Como un balance intermedio de las metas del proceso de Bolonia al 2020, en 2015 se publicó el informe The European Higher Education Area in 2015: Bologna Process Implementation Report. El documento da cuenta de los avances y limitaciones de dicho proceso en seis aspectos: Estructura de grados y competencias; formas de aseguramiento de calidad; dimensiones sociales de la educación superior; aprendizaje permanente; trayectorias escolares y empleabilidad; e internacionalización y movilidad, y está basado en las respuestas que cada representación nacional emitió a una encuesta común.

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Investiduras: jerarquía y poder

En la edad media, los ceremoniales de coronación de los reyes constituían una oportunidad  privilegiada para poner en movimiento la sofisticada maquinaria simbólica y práctica que articulaba las relaciones entre  el poder real y el poder espiritual, es decir, entre las elites de las monarquías y las elites de la iglesia católica. Los gestos, las palabras, los objetos que se utilizaban en dichas ceremonias de ungimiento eran cuidadosamente seleccionados, acomodados, estudiados, discursos pronunciados para colocar en cada ritual la fuerza de los intereses organizados en territorios y poblaciones específicas.

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La dualidad de James Franco y Tommy Wiseau

Tommy Wiseau es uno de los personajes más enigmáticos de Hollywood. En 2013, tras el estreno de su película The Room, entró en la iconografía del cine norteamericano como un ejemplo de perseverancia, esfuerzo y enfoque. Algo que, como probó Wiseau, no siempre es algo bueno.
Un personaje que en ciertos sentidos ha tenido una carrera igual de incomprendida y bizarra es James Franco. Actor, productor, guionista, director y artista plástico, es un tipo elusivo e indescifrable. Así puede ser parte de una franquicia multimillonaria como Spider-Man o Planet of the Apes, realizar papeles memorables como el que le valió la nominación al Óscar en 127 Hours, como bien es capaz de adaptar y destruir a Cormac McCarthy en Child of God.

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Espacio Europeo de Educación Superior: La segunda década

El Proceso de Bolonia arrancó con la “Declaración conjunta para la armonización del diseño del Sistema de Educación Superior Europeo” suscrita por los ministros responsables de la educación superior en Francia (Claude Allègre), Alemania (Jürgen Ruettgers), Italia (Luigi Berlinger) y el Reino Unido (Tessa Blackstone), en la Sorbona, el 25 de mayo de 1998. Este año, por lo tanto, se cumplen 20 de ese histórico punto de partida.

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1 por ciento en Ciencia y Tecnología ¿Misión imposible?

En una ceremonia celebrada en Querétaro, el pasado 12 de enero, el presidente Peña y el director general del Conacyt pasaron revista al estado actual que guarda la ciencia y la tecnología en el país. Ambos coinciden en que aquél es bueno, diez meses antes de que cierre el sexenio. Pero también hay otra similitud. Los dos eluden mencionar la principal promesa de campaña, refrendada en el Plan Nacional de Desarrollo y en el Programa Sectorial respectivo.  Me refiero al ofrecimiento, convertido en política pública, para que el gasto en el sector alcanzase el 1 por ciento del PIB. En su momento la idea entusiasmó a la comunidad científica: desde la presidencia de José López Portillo ese fue un objetivo que se vino reiterando sexenio tras sexenio, sin siquiera aproximarse al logro del mismo. Evocando enero de 2013, a un mes de haber tomado posesión del cargo, el presidente no sólo ofrecía promesas en aquella euforia del Pacto por México, ya mostraba con hechos que aquella meta tantos años ambicionada ahora sí era posible. El autor de estas líneas, inclusive, le dedicó al acontecimiento dos artículos en este mismo espacio (Campus 493 y 494, 10 y 17 de enero de 2013), afirmando que “desde que se fundó el Conacyt, 42 años atrás no había tal cúmulo de definiciones y acciones consecuentes con el desarrollo de ese sector”.
Así, en materia de dineros, no solo se aludía a conseguir ese 1 por ciento antes del fin de sexenio, sino que se mostraban ya algunos “hechos tangibles”: el presupuesto del sector para el 2013, elaborado ya por el nuevo régimen, tenía un incremento del 18 por ciento; el Conacyt un 13; se creaban dos nuevos programas (innovación tecnológica y el de desarrollo científico y tecnológico) con dotaciones respectivas de tres mil y dos mil quinientos millones respectivamente.
En los siguientes dos ejercicios fiscales los incrementos se siguieron dando y todo indicaba que, en esa materia, se transitaba en la línea correcta. Hasta que llegaron los recortes de 2016. No obstante, el sector fue protegido y, puede decirse, bien tratado hasta este 2018, en comparación con otros. Pero, desde aquel momento se preveía por algunos analistas que la meta empezaba a ser irrealizable. Las finanzas públicas del país no daban para cumplir esa prioridad convertida en política pública.
Desde aquél enero el presidente afirmó que el problema del financiamiento era muy importante, pero no el principal, reconociendo “el valor, importancia y prioridad que tendría para mi gobierno la inversión que hagamos en CyT…(pero) no sólo se trata de incrementar los fondos de inversión. Se trata de hacer el uso, o un destino óptimo…”.  La afirmación tiene sentido, no debería convertirse ese asunto en un fetiche, pero, para la comunidad científica, conseguir esa proporción del PIB, perseguida durante cuatro décadas, significaba la base indispensable para una nueva etapa de políticas públicas, una especie de madurez científica y tecnológica indispensable para el desarrollo del país.
No obstante la imposibilidad de alcanzar la meta, la CyT tiene buenas realizaciones en el sexenio. El presidente y el director del Conacyt se encargaron de lucirlas en la ceremonia de Querétaro Entre ellas, la notable de 200 mil becas en lo que va del sexenio (con lo cual se llega a 400 mil desde 1971); un 40 por ciento más de asignaciones presupuestales al sector que en el sexenio anterior (se llega a 436 mil millones en el quinto año); el monto para incentivos a la inversión privada (3,200 millones); o el número de cátedras para jóvenes investigadores (1,500). A esto habría que agregar el número de investigadores del SNI. De los 21,200 de 2012 a los casi 27 mil de 2016, un 27 por ciento de aumento.
A diez meses del fin de sexenio, el presidente está haciendo balances de su obra en general. Así, en Querétaro, al referirse al conjunto de compromisos asumidos en políticas públicas afirmó: “…si bien a lo mejor no alcanzamos la totalidad del 100 por ciento, sí estamos llegando a un 97, 98 por ciento de cumplimiento en cada uno de esos compromisos que asumí con los mexicanos”. Se trata, estimo, de un juicio apologético, desmedido y contrastante cuando se formula frente a una audiencia que debía tener muy presente la principal promesa, la del 1 por ciento. Ni el presidente ni el director del Conacyt hicieron alusión a ella.
En la más optimista de las visiones, el sexenio cerrará con un 0.6 por ciento del PIB  en este renglón,  muy alejado de la meta.  En tiempos de campañas electorales la promesa seguramente será reiterada por los candidatos. ¿Estaremos frente al preámbulo de una nueva decepción?

Carlos Pallán Figueroa

Ex secretario general ejecutivo de la ANUIES

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Ciencia y tecnología: Los compromisos, un mal recuerdo

El pasado 12 de enero tuvo lugar la que seguramente será la última sesión del Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación (CGICDTI), al menos en lo que corresponde a este periodo gubernamental. Un organismo que tiene un nombre tan largo como el lapso que deja de sesionar y con funciones tan amplias y de alto nivel que lo debe presidir el ejecutivo federal.
Tal vez por la misma razón, el Presidente de la República aprovechó la oportunidad para inaugurar un centro de investigación, entregar premios rezagados —sí, de 2016—, girar nuevas instrucciones al director del Conacyt y resaltar lo que probablemente serán algunos de los resultados más difundidos de este periodo. Todo bien. El detalle, sin embargo, es que el principal compromiso, ese que está firmado y ahora debiera ser punto de comparación, ya solamente es un mal recuerdo.

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El Himno Nacional y los mexicanos

—A mis sobrinos Luis, de sexto año de primaria y Diego, de quinto.

La primera tarde que asistí en diciembre pasado a un juego de beisbol en Culiacán, mientras se escuchaban las notas del Himno Nacional, un considerable número de aficionados permanecieron sentados; hombres y mujeres, y lo peor, padres e hijos que iban juntos hicieron lo mismo. Se ocupaban de su iPhone, por  supuesto.
Tal vez no debamos sorprendernos. Es muy probable que en muchas plazas del país donde se practica algún deporte y se acostumbra el ritual del himno, previo al inicio de la competencia, algo parecido sucede.
No sabemos cuándo empezó a ocurrir este desprendimiento. O ésta que podría ser una mengua del patriotismo. Ni mucho menos sabemos las causas exactas de por qué.  Registro también que en aquel instante desagradable,  cuando contrariado le llamé la atención al respecto a uno de mis acompañantes, un severo crítico del sistema, en tono justificatorio me respondió con la siguiente admonición: “es un himno muy beligerante”. Lo tomé como otra de sus bromas, a sus casi 70 años.
Anoto lo absurdo: me lo dijo en Culiacán, donde la legalidad es un concepto, un mero concepto, difícilmente una realidad, donde la mortandad violenta es parte de la vida cotidiana,  y donde la noche del 31 de diciembre pasado, el impune tiroteo, las ráfagas de las metralletas de los festejos fueron incesantes desde minutos antes de las 12 de la noche y todavía se escuchaban a las 9 de la mañana del día primero.  
Regreso al tema. El comportamiento de estos grupos que describo, no sin cierta frustración, con un sentimiento de derrota moral, no se ve nunca en un estadio de beisbol de los Estados Unidos. Al contrario. Se jactan de su patriotismo y lo ostentan en liturgias eficaces. Y los extranjeros que asistimos, todos nos ponemos de pie.

***
A los mexicanos no nos daña  traer a la memoria nuestra historia. Saber que nos fundimos en un mestizaje portentoso, en un mestizaje “de una fuerza interior contenida” (Calderón Viedas, 2017-2018) . Nos hace bien recordar quien fueron los guerreros de la independencia, los liberales de la reforma, los revolucionarios de 1910, nuestros grandes hombres, cuáles nuestros símbolos, esos que nos legitiman como nación soberana y esto no es un sarcasmo. Un pueblo que no se reconoce a sí mismo, que no conoce su pasado, es un pueblo sin futuro.   

***
No voy a hacer un alegato sobre los libros de Texto Gratuito de la SEP. Pero los correspondientes a Historia y Formación Cívica y Ética de quinto año de educación básica son  formidables: El primero, en la correcta línea del tiempo para entender el pasado, para que les lata el corazón cuando vean ondear la bandera verde, blanco y rojo con el águila devorando una serpiente; El segundo, integralista de los deberes y obligaciones que sirven para hacer de un niño un ciudadano útil.
   De ello no podemos quejarnos. Herramientas educativas tienen para su formación; lo mismo para asumir el respeto a los derechos de los otros, rechazar la discriminación, el racismo, etcétera.
Consideremos, si se quiere abundar sobre estos aspectos, que cada lunes las escuelas públicas, al menos, hacen homenaje a la bandera. Se sigue haciendo la formación que conocimos en nuestra niñez para rendirle los honores de rigor, se canta el Himno Nacional y los niños aprenden de los maestros a descubrirse ante la enseña patria.  
Se trata de un asunto de civismo, de ética, de patriotismo, en suma, de valores, los cuales forman el corpus de una educación que mezcla las otras disciplinas, las ciencias matemáticas, naturales, sociales. Sin embargo, el modelo educativo  vigente perdió actualidad, en el nuevo los niños van a aprender a aprender. Ésa es la idea. Pero eso no cambia lo que estoy señalando. Eso no le va a quitar la zafia actitud al padre que ignora el himno nacional ni le dirá a su hijo que se ponga de pie.
Todos sabemos que la familia es fundamental en la formación de los niños. Sin su participación, la educación está lisiada. La realidad es que la participación de los padres en la escuela, tan incentivada para que decidan sobre el rumbo de la institución,  tiene sus problemas. Es frecuente ver que, empoderado, el padre amenaza al maestro que corrige al hijo por mala conducta, lo acusa ante la “sociedad civil” y ante las autoridades. El maestro, declarado culpable, queda  inerme en el aula. Este es el lado oscuro de  participación de los padres en la conducción de la educación, que de esa manera privatizan la escuela; asimismo: el maestro es como su empleado, un empleado subordinado, que como consecuencia del bullying de los padres, deja de tener la autoridad que se requiere para guiar a los niños. Y si el niño ve al modelo del padre, como el ser autoritario capaz de defenderlo y que de hecho lo salva del castigo del maestro, lo que de seguro tendremos es un niño que no respetará las reglas de la convivencia. Y estos hechos no son excepcionales, menos en comunidades donde la pérdida de la autoridad rebasó los límites de la prudencia.
Pero, ¿de qué estamos hablando? De otra realidad donde los padres que rechazan estas conductas, quisieran que el modelo educativo tuviera otros efectos, que la escuela fuera un lugar cuya centralidad y eficacia pedagógica y formativa fuera efectiva. Esto parece difícil cuando  a las escuelas de educación básica que no son de tiempo completo, los niños acuden cuatro horas y media al día, y esto incluye la media hora de recreo.
Es imposible una buena educación, sólida, consistente con este tipo de horario, si el maestro y la maestra tienen un plan de estudios que les resulta  exigente y agotador a lo largo del ciclo escolar. Se dice que “el mejor educador es aquel que produce en sus alumnos el máximo de cambios deseable en el grado más elevado” (Gage y Remmers). ¿Cómo saberlo? ¿Cómo hacer efectivo que la educación logre sus fines?
La escuela es una institución que va a contracorriente. La educación en general sufre tiempos contrarios. Lo que sufren las escuelas en su interior es apenas un ligero síntoma de lo que pasa en otros ámbitos de la sociedad. Esto Perogrullo lo dice a diario, pero lo cierto es que no se puede esperar mucho por ahora si nos atenemos al clima social y cultural que estamos viviendo. Y sin negar los ejemplos desafortunados que lo desmienten, el maestro sigue siendo un héroe.   

Jorge Medina Viedas

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¿Todo es cultura?: Distinguir y comprender los niveles culturales

Para el proyecto editorial Encuentros 2050 que desarrolla Malena Mijares en la Coordinación de Humanidades de la UNAM, animado por ella escribí mi versión sobre el tema cultural, misma que, con algunas adecuaciones de espacio, comparto ahora con los lectores de Campus. La cultura, digámoslo en primer término, es lo que menos les importa a los políticos, y en vísperas de elecciones esto puede constatarse. Los candidatos a la presidencia del país no tienen siquiera una mínima definición de ella.
En Los siete saberes necesarios para la educación del futuro (2001) Edgar Morin plantea la cultura como generalidad y las culturas como especificidades: Pluralidad y singularidad; el todo y sus partes. Explica: “Se dice justamente La Cultura, se dice justamente las culturas. La cultura está constituida por el conjunto de los saberes (reglas, normas, interdicciones, estrategias, creencias, ideas, valores, mitos) que se transmiten de generación en generación; se reproduce en cada individuo, controla la existencia de la sociedad y mantiene la complejidad psicológica y social. No hay sociedad humana, arcaica o moderna, que no tenga cultura, pero cada cultura es singular. Así, siempre hay la cultura en las culturas, pero la cultura no existe sino a través de las culturas”.

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Gary Oldman es un Churchill para la historia

Corre el mes de mayo de 1940. El ejército de Hitler ha invadido Checoslovaquia, Polonia, Noruega y Dinamarca. Todo apunta a que en las próximas semanas, habrá conquistado el resto de Europa. Gran Bretaña, de la mano de su líder Neville Chamberlain, se encuentra en una posición de alarma. Francia, uno de sus principales aliados, está sintiendo el poderío de la amenaza Nazi y su respuesta ha sido débil.
De ahí que el Parlamento esté buscando sustituto a Chamberlain. El Visconde Halifax (Stephen Dillane), junto a Chamberlain (Ronald Pickup), son los líderes del Partido Conservador, actualmente en el poder, y quienes confabulan para primero, poner a alguien que la oposición apruebe y, posteriormente, removerlo para dar paso a Halifax.

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