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Ideario, 50 años de la filosofía educativa de la Universidad Iberoamericana

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Brindan bienvenida a nuevos Cimarrones de la modalidad semiescolarizada de la UABC

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Ingresa José María Murià a la Academia Mexicana de la Lengua

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Participa rector del Cetys en reunión entre el presidente electo y Anuies

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La UG crece con calidad y equidad, al tiempo que consolida un profundo proceso de renovación

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Ganan egresadas de la UdeC Premio Municipal de la Juventud

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Voluntariado de la UASLP otorgó primer incentivo a estudiantes becados del Campus Salinas

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La Ibero participará en Memorial del 68 con archivo fotográfico y colección documental

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Fabulaciones (130)

La sociedad de los lectores muertos

Si el activismo denominado “promoción y fomento de la lectura” continúa con su escalada de banalidades y frivolidades, con la superficialidad y la ñoñez como herramientas iniciáticas y con la futilidad que ya es habitual entre escritores y promotores, que no nos extrañe que muy pronto aparezcan, como novedades editoriales, los éxitos de librería ¡Quiúbole con la lectura! y ¡Qué pecs con los libros!, y no precisamente amparados con la firma del superventas Yordi Rosado, sino con el renombre deslumbrante, apantallador, de autores que hoy se consideran, ellos mismos al menos, infinitamente superiores a Rosado, aunque en realidad, a juzgar por lo que escriben, no den muestras de ello.

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Las tecnologías digitales son más contaminantes que el papel

Desde que surgió internet se difundió la mentira de que, mediante las tecnologías de información y comunicación (TIC), se beneficiaba al medioambiente porque, en lugar de tumbar árboles y arrasar bosques para hacer papel y publicar libros, las computadoras sustituirían, gracias a las pantallas, los viejos y rebasados sistemas de impresión, y, además, con energía limpia. Muchos lo creyeron, pero las tecnologías digitales no sólo no son más limpias que la tecnología del libro tradicional, sino que el papel es biodegradable en plazos muy cortos y, además, fácilmente reciclable.

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Por un retorno a la lectura salvaje

Mucha gente tiene la absurda creencia de que, en literatura, los comentarios y la interpretación sustituyen a la obra. En parte, esto es consecuencia de los estudios profesionales que han privilegiado la exégesis y la crítica en detrimento de los valores de la obra, y le han hecho creer, consciente o inconscientemente, al estudiante o al lector incipiente, e insipiente, que la interpretación es más importante que la obra misma. Italo Calvino, ya advertía sobre esto en Por qué leer los clásicos: “La escuela y la universidad deberían servir para hacernos entender que ningún libro que hable de un libro dice más que el libro en cuestión; en cambio hacen todo lo posible para que se crea lo contrario”.

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El sarcasmo ante un mundo sin valores: Una entrevista recuperada con Sergio Pitol

Hace ya casi tres décadas, en febrero de 1989, tuve el privilegio de entrevistar al gran escritor mexicano Sergio Pitol (1933-2018), fallecido el 12 de abril del presente. En estos días que se le rinde, póstumamente, un más que merecido homenaje nacional, recupero dicha entrevista muy reveladora de su vocación y su ejercicio literario. Autor de libros de cuentos, ensayos y novelas de primer orden en la literatura de lengua española, sus obras fueron traducidas a múltiples idiomas, y mereció diversos reconocimientos nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Xavier Villaurrutia, el Premio Nacional de Letras, el Premio Internacional Juan Rulfo, el Premio Internacional Alfonso Reyes y el Premio Miguel de Cervantes, máximo galardón que se entrega a un escritor de lengua española. Fue también un traductor espléndido que divulgó en español a los mejores autores, en una colección ya emblemática de la Universidad Veracruzana (“Sergio Pitol Traductor”). Conversé con él cuando, después de varias décadas de vivir en el extranjero, retornó definitivamente a México. He aquí la entrevista.

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Gabriel Zaid: palabras y congruencia

Cuando uno termina de leer el libro Mil palabras (México, Debate, 2018), de Gabriel Zaid, y lo cierra, lo primero que hace es obedecer el deseo de volver a él: de regresar a las páginas marcadas, releer los argumentos esgrimidos, detenernos y disfrutar, otra vez, la excelencia de la prosa llena de giros de aguda ironía, el paladeo del idioma, la gracia del humor y la luminosa inteligencia.
Dan ganas de escribir un libro así, como el que se ha leído. Y esto es lo mejor que le puede pasar a un lector. Dan ganas, también, de decirle al primer lector que uno se encuentre que hay un nuevo libro de Zaid, que hay un reciente fruto de su inteligencia, para viejos y nuevos lectores que deseen realmente aprender en el ejercicio de la crítica, la experiencia del análisis y el placer de saber.

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Leer y estudiar son verbos diferentes

Cuando se habla de promover y fomentar la lectura, hay dos cosas que, asombrosamente, suelen perderse de vista: los conceptos mismos de promover y fomentar. Según define estos verbos María Moliner, promover es activar una acción o producir cierto suceso que lleva en sí agitación o movimiento, y fomentar es dar a una cosa calor natural o templado que la vivifique o anime: puede ser sinónimo de avivar (en el sentido de hacer más viva una cosa), pero también, y básicamente, de dar vida a algo. El ejemplo que pone Moliner es excelente: la gallina fomenta los huevos, es decir les da su calor, para que se desarrollen los embriones y eclosionen los polluelos.
No pocas veces he preguntado a personas que se dedican a promover y fomentar la lectura el significado de estas dos acciones, y no las saben definir del todo, o simplemente no las saben, porque, en general, se habla tanto de “promover y fomentar la lectura” (desde las burocracias y los programas educativos institucionales) que estos dos verbos han perdido incluso su significación y su peso: se han convertido en “objetivos” abstractos que, en los programas oficiales, corresponden a muy pálidas y desfiguradas “acciones”.
Si por princi

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Algo más de Las malas lenguas

Vuelvo al tema de Las malas lenguas (Océano, 2018), mi más reciente libro, y comparto con los lectores de Campus otras reflexiones incluidas en el pró-logo. Extensión y complemento de mis libros Pelos en la lengua (2013) y El libro de los disparates (2016), Las malas lenguas recoge cientos de tonterías ni más ni menos graves que las incluidas en esos volúmenes; simplemente se trata de otras que se agregan a la muy larga lista de atropellos al idioma.
Podemos decir con corrección, aunque también con malsonancia, que alguien “se apendejó”, pues el verbo “apendejarse” es pronominal que significa “desprevenirse” o “tornarse pendejo” (“tonto, estúpido”). Ejemplo: Me apendejé y perdí el tren. Pero no debemos decir, en cambio, que alguien “se alentó” porque se tornó lento, pues “alentar” es un verbo transitivo que significa “animar o infundir aliento a alguien o algo” y, en su uso pronominal (“alentarse”), “darse ánimo”. Nada tienen que ver “alentar” y “alentarse” con hacer las cosas con lentitud o hacerse lento alguien o algo, es decir “lentificar” o “ralentizar”, verbos transitivos que significan “imprimir lentitud a alguna operación o proceso, disminuir su velocidad”.

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Las malas lenguas destructoras del idioma

Hace un par de meses, el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, “alertó sobre la tentación de regresar hacia atrás”, tal como lo informó MILENIO(15 de febrero de 2018). “Regresar hacia atrás”. Así lo dijo, de manera literal, en la Cámara de Diputados, al inaugurar un foro sobre la “mejora regulatoria”. El funcionario mexicano, miembro del Partido Revolucionario Institucional, tiene estudios doctorales por la Universidad de Pensilvania, pero se nota que no suele consultar el diccionario de la lengua española. Si lo hiciese podría saber que el verbo intransitivo “regresar” significa “volver al lugar de donde se partió” y, siendo así, la expresión “regresar hacia atrás” es feísima redundancia, pues todo “regreso” es un “retroceso” y toda “regresión”, la “acción de ir hacia atrás”.

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Reforma educativa y contrarreforma

Otto Granados Roldán, actual secretario de Educación Pública, lanzó recientemente un libro necesario para explicar las razones y los objetivos de la reforma educativa. El volumen Reforma educativa (México, 2018) apareció bajo el sello del Fondo de Cultura Económica y en él expone los propósitos, los antecedentes y la necesidad de esta búsqueda de transformación del sistema educativo mexicano que se produjo en un escenario innegable de corrupción administrativa, ausencia de calidad en la educación y usurpación del control del sistema educativo por parte del aparato sindical.
Granados Roldán se pregunta y responde por qué era indispensable y en qué consiste esta reforma, qué se logra con ella y qué podemos esperar de la misma en los siguientes años, a mediano y largo plazos. Se trata de un libro de exposición de motivos, diagnóstico y análisis de la realidad y, finalmente, un balance preliminar de cinco años (de 2013 a 2017) desde que fue aplicada esta reforma que, como señala el autor, tiene componentes políticos, pedagógicos y administrativos.

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Ganar dinero, perder lectores

En la era del parloteo y la banalidad, la mayor parte de los escritores gana más dinero por hablar que por escribir. Un curso, una conferencia, un taller, una “lectura”, dejan más ganancias que la publicación de un libro. A menos que uno esté dispuesto a escribir, publicar y vender lo más complaciente que público e industria editorial exigen (que es no sólo vender eso, sino también el alma al diablo), los escritores no viven de lo que escriben y, especialmente ahora, el denominado “público lector” prefiere cada vez más el espectáculo masivo que la lectura en soledad.

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