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Fabulaciones (111)

¿Tiene alguna utilidad la poesía?

Leyendo a W. H. Auden (1907-1973), en un extenso poema de 1940 (“Carta de año nuevo”), encontramos esta afirmación elocuente que podría ser, a un tiempo, aleccionadora y desesperanzada: “El arte en intención es mímesis/ pero; una vez hecho realidad, el parecido cesa;/ el arte no es vida y no puede ser/ comadrona para la sociedad.
Más aún, en una aseveración descorazonadora e irrebatible, Auden afirma, en ese mismo poema, que “no hay palabra escrita del puño del hombre que pueda detener la guerra/ ni estar a la altura del alivio/ de su inconmensurable desdicha.
Sin embargo, en otro poema emblemático de esa misma época (“En memoria de W. B. Yeats”), el poeta británico-estadunidense reconoce el poder de la fuente reparadora de la poesía en un mundo al que, en general, le importan muy poco la poesía y el sufrimiento del ser humano. Pensando en Yeats, Auden afirma entonces: “Las palabras de un hombre muerto/ se transforman en las entrañas de los vivos.

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Guillermo Prieto: el educador nacional

Nacido en Tacubaya, Distrito Federal, el 10 de febrero de 1818, y muerto el 2 de marzo de 1897, Guillermo Prieto encarna una de las historias personales y literarias más apasionantes del siglo XIX en México. Esta historia va de la orfandad, cuando contaba con 13 años de edad, hasta llegar a convertirse en ministro de Hacienda en varias ocasiones y en uno de los redactores de las leyes de Reforma.
Liberal por excelencia, y honrado, salió de los puestos públicos del mismo modo que ingresó a ellos: no solo no se hizo rico, sino que estaba dispuesto, a exigencia de la patria, a entregar más de lo que recibía. Como ministro de Hacienda dijo que cuidaba el pan del pobre y que “limpiaba el tesoro de sombras y mamotretos”.

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El segundo aire del libro en papel

Los datos duros de los últimos tres años muestran que el mercado de los libros en papel ha recuperado terreno en relación con el mercado del libro en formato electrónico. Esto quiere decir que, luego del auge digital en la industria del libro, la letra impresa vuelve a su cauce, por una razón inobjetable que ya Alberto Manguel había advertido: la lectura en pantalla no es equivalente a la lectura en papel; las motivaciones y búsquedas son completamente diferentes entre los lectores de la pantalla y los lectores del libro tradicional.
Manguel incluso ha sugerido que la nueva forma de leer, en la pantalla, bien podría tener otro nombre que no es necesariamente un sinónimo de la lectura en el formato tradicional. No se trata, nada más, del cómo se decodifica un texto digital o impreso, sino también de qué efectos producen una u otra experiencia en el cerebro y los sentidos de los decodificadores que hoy, indistintamente, llamamos lectores.

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Comprender y apreciar el Himno nacional mexicano

El Himno Nacional Mexicano lo escribió Francisco González Bocanegra, poeta romántico nacido en San Luis Potosí en 1824, y muerto de tifus en la Ciudad de México en 1861. Escribió también una obra de teatro (Vasco Núñez de Balboa) y un puñado de poemas (poco más de cincuenta) de escasa relevancia. De toda su muy breve obra literaria, le sobrevive el Himno..., que escribió para el concurso convocado por el último gobierno de Antonio López de Santa Anna en 1853.Cuenta la leyenda que la futura esposa del autor, que también era su prima, “Guadalupe González del Pino, encierra a González Bocanegra en una habitación para obligarlo a hacer el texto”. Así lo refiere José Emilio Pacheco en su Antología de la poesía mexicana 1810-1914.
González Bocanegra envía su texto al concurso, y resulta premiado por un jurado calificador constituido por los poetas Manuel Carpio, José Joaquín Pesado y José Bernardo Couto, los dos primeros miembros de la Academia de Letrán a la que también perteneció González Bocanegra.
Aunque el verso heroico, por excelencia, es el endecasílabo (once sílabas métricas), González Bocanegra eligió el decasílabo para su composición. Todos los versos del Himno nacional mexicano son decasílabos, es decir, tienen diez sílabas métricas cada uno. En cuanto a su estructura, el poema de González Bocanegra está compuesto del coro inicial que es una cuarteta de rimas consonantes (“Mexicanos, al grito de guerra,/ el acero aprestad, y el bridón,/ y retiemble en sus centros la tierra/ al sonoro rugir del cañón”) que se va intercalando entre cada una de sus diez estrofas.

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Reflexiones y orientaciones sobre la educación poética

Este ensayose publicó originalmente, en la revista Textos de Didáctica de la Lengua y de la Literatura (Editorial Graó, Barcelona, abril-junio de 2016, número 72, coordinada por Gustavo Bombini y Carlos Lomas). Por considerarlo del probable interés de los lectores de Campus el autor lo reproduce en una versión adaptada

Uno de los mayores problemas derivados de la dictadura del mercado, en el ámbito editorial, es el que se refiere a la marginación de los libros de poesía. La novela, los libros de autoayuda y el ensayo político absorben prácticamente todos los afanes de la industria editorial en todo el mundo. Como consecuencia de esto, las nuevas generaciones leen muy poca poesía y son muchos los lectores que confiesan abiertamente que no saben leerla o que no la entienden.
Por si ello fuera poco, la escuela y, en general, el sistema escolar, por lo menos en el ámbito iberoamericano, han hecho muy poco para que los niños y los jóvenes aprendan a leer poesía y, con ello, se aficionen a la lectura de este género que es, sin duda, el de mayor concentración y riqueza en cualquier lengua. Desafortunadamente, en nuestras escuelas no son abundantes los profesores que saben leer poesía, comprenderla, interpretarla y comunicarla. En los ejercicios, dinámicas y estrategias de lectura en la escuela, el cuento, como género, es el más utilizado para acercar o incentivar el gusto de leer. La poesía siempre queda relegada.

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Los libros y los que no lo son

Hace más de medio siglo, el escritor español Ramón Pérez de Ayala (1888-1962) hizo una crítica tan atinada como devastadora acerca de la falsa idea que tenemos del libro, la cual cobra mayor sentido profético en nuestro tiempo, cuando de las prensas salen cantidades ingentes de objetos que tienen todas las características físicas de un libro, pero que en términos cualitativos están muy lejos de ser, exactamente, libros.
Escribió o, mejor dicho, diagnosticó: “Una de las supersticiones más extendidas y acatadas es la del libro, que Anatole France llamó el ‘veneno de Occidente’. Quiero decir con esto que se reputa y admite como un libro, comúnmente, cualquier estúpido narcótico que no tiene de libro sino falaz pergeño y simulada apariencia. Un objeto mercantil, de pequeñas hojas impresas por entrambas carillas y cosidas en bloque por uno de los lados, esto es lo que, sin más requisito ni miramiento, se clasifica como un libro. Y así pasa como evidente que la producción libresca aumenta desaforadamente en nuestros días. Guardémonos de este error vulgar. Lo que aumenta en proporciones formidables es la emisión de tomos o volúmenes, que no es lo mismo que la aparición de libros”.

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Política, políticos y lectura

Los políticos son personas que tienen como actividad primordial regir los asuntos públicos y que, por lo tanto, participan en el gobierno y en los negocios del Estado. Todo el mundo sabe que los políticos son un mal necesario, pero podrían ser un bien necesario si se ocuparan realmente del beneficio ciudadano. Alguien tiene que gobernar, presidir, dirigir y representar, pero la profesión y el oficio políticos se han convertido en ejercicios que, por lo general, privilegian el medro particular y no el bien público.
En las páginas de Esto no es un diario (Paidós, 2015), Zygmunt Bauman señala que “a diferencia de los grandes, afianzados y, en buena medida, impersonales partidos de antaño, las parpadeantes y titilantes ‘personalidades políticas’ de hoy no inspiran confianza”, y esto se debe simple y sencillamente a que no son dignos de ella. A decir del sociólogo y filósofo polaco, es ilusorio que alguien se sienta “representado” por ellos, como ilusoria es la denominada “participación ciudadana” de los electores en los procesos políticos. No deja de ser una ilusión elegir a alguien para luego “pedirle cuentas”. Antes de la elección, el político está dispuesto a jurar lo que sea; ya electo, no tendrá empacho en retractarse e incluso negar que se haya comprometido socialmente a algo.

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Problemas de lectura y comprensión

En 2009, en materia de comprensión lectora, México ocupó el último lugar entre los 34 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Y lo refrendó en 2012. La involución de México, desde que la OCDE mide la habilidad lectora, ha sido la siguiente: de 422 puntos, en 2000 bajó a 400 en 2003; recuperó 10 puntos en 2006, alcanzó 425 en 2009 y bajó a 424 en 2012. Durante toda la Docena Trágica, solo avanzó dos puntitos. Los 538 puntos de Japón (primer lugar de la OCDE) se ven muy distantes, y no se diga los 570 de China (Shanghái), país que no forma parte de la OCDE pero que posee el primer lugar mundial en habilidad lectora.
Los resultados de 2015 del Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés: Programme for International Student Assessment) serán dados a conocer por la OCDE en diciembre de 2016, con prioridad en el área de ciencias, y la próxima prueba que se enfocará específicamente al área de capacidad de lectura se realizará en 2018. Ya veremos entonces si Grecia, Turquía y Chile (lugares 31, 32 y 33, respectivamente) mantienen a México en su último lugar o si bien nuestro país es capaz de salir del sótano. Si de futbol se tratara, ya habríamos descendido, desde hace mucho tiempo, a la segunda división que, en México, expertos como somos en eufemismos, llamamos elegantemente “división de ascenso”, para no decir que es futbol de segunda.

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Dialogar con los que leen

En su último libro de poesía, Árbol adentro (1987), probablemente el mejor que haya escrito, Octavio Paz tiene un hermoso y profundo poema que lleva por título “Conversar” y en cuya primera estrofa expresa: “En un poema leo:/ conversar es divino./ Pero los dioses no hablan:/ hacen, deshacen mundos/ mientras los hombres hablan./ Los dioses, sin palabras,/ juegan juegos terribles”.
Luego, en la tercera y última estrofa, esta certeza de los dioses mudos y los hombres hablantes cierra el poema de manera espléndida para hacerla, poética y filosóficamente, inolvidable. Dice el poeta: “La palabra del hombre/ es hija de la muerte./ Hablamos porque somos/ mortales: las palabras/ no son signos, son años./ Al decir lo que dicen/ los nombres que decimos/ dicen tiempo: nos dicen,/ somos nombres del tiempo./ Conversar es humano”.

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Mentiras y clichés sobre el libro y la lectura

El libro constituye el mejor vehículo no solo de divulgación cultural, sino, sobre todo, de formación intelectual. No hay nada que lo sustituya. Ni siquiera hay algo comparable. Muchas personas se han hecho dependientes de las redes sociales y están constantemente leyendo en distintos dispositivos digitales. Pero éste es otro tipo de lectura, muy diferente a la lectura íntegra del libro y, más aún, de la lectura del libro formativo y cultural.
La industria tecnológica de la información nos quiere hacer creer que internet sustituye al libro. Tendría, más bien, que potenciarlo, pero no ha hecho esto: por desgracia, mucha gente ocupa buena parte de su tiempo en internet, pero dedicada a futilidades, no a la lectura de libros. Quienes no acostumbran leer libros en papel, tampoco los leen en dispositivos electrónicos; asimismo, quienes no leen libros completos, en el formato tradicional, tampoco lo hacen en el e-book.

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