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Pedro Flores-Crespo

Singapur: Los equívocos de la excelencia

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico s(OCDE), Singapur es una ciudad-Estado de más de cinco millones de habitantes que ha logrado ser un referente mundial desde que logró su independencia en 1965. Este país era, en ese entonces, un “islote pantanoso y enlodado que nadie quería” (Geographica).
¿Qué hizo cambiar, en 50 años, la fisonomía de ese país del sudeste asiático? La respuesta apunta hacia varios planos, pero uno de ellos es la fuerte apuesta por la formación de capital humano. Con Singapur, las teorías de la eficiencia económica pueden corroborarse: aunque no haya recursos naturales, se puede progresar por la vía de la capacitación, entrenamiento y educación.

PISA Comparar para entender

Dice el refrán que las “comparaciones son odiosas” y esto quizás sea verdad para las personas, pero en el ámbito de las políticas públicas no aplica igual este proverbio. Sin una comparación internacional de las acciones que propone el gobierno para tratar de solucionar los problemas sociales, es muy difícil establecer una valoración justa de su efectividad.
La reciente publicación de los resultados de la prueba PISA (Programa Internacional de Evaluación de Alumnos) nos puso, una vez más, frente a un cuestionamiento ineludible: ¿por qué México no logra mejores resultados educativos si hemos establecido una agenda educativa relativamente consistente por más de 25 años? Pocos podrán decir que no hemos tratado —sociedad, disidencia y varios gobiernos— de mejorar sustancialmente la calidad educativa para todos y ampliar la equidad para los más desfavorecidos. ¿Por qué nos va mal en comparación con otras naciones similares? ¿Será que los actores y los instrumentos de políticas están fallando?

De vuelta a la tutoría

En mi entrega de la semana pasada sostuve que a los programas universitarios de tutoría los circunscribe una problemática institucional compleja. Invitaba, por lo tanto, a reflexionar en dos direcciones: En primer lugar, si las estrategias para apoyar académica y personalmente a los estudiantes podían dar resultados cuando hacemos poco en nuestras instituciones para combatir dos vicios como el abuso de poder y el hostigamiento sexual.
En segundo lugar, sugerí que muchas de las prácticas regresivas de las Instituciones de Educación Superior (IES) son en parte creadas y recreadas por los propios agentes universitarios y esto se debe tomar en cuenta al evaluar los programas de tutoría. La medición de los efectos producidos por estas estrategias es tan importante como conocer la manera en que operan realmente nuestras instituciones.

Tutorías: alcances y desafíos

Hace una semana, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) y la Universidad de Guanajuato, organizaron, en la bella ciudad de ese estado, el Séptimo Encuentro Nacional de Tutoría. Ahí se discutieron los avances, resultados y prácticas de uno de los programas institucionales más destacados de nuestras universidades: el de tutorías.
Como usted recordará, desde hace varios lustros, se propuso desarrollar y promover estos programas con el propósito de “apoyar a los alumnos en su formación integral a través de la atención y seguimiento personalizado” por parte de los docentes (Reglamento del Programa Institucional de Tutorías de la UAQ). Al echar a andar estos programas, se reconoció implícitamente que el mero proceso enseñanza-aprendizaje no bastaba para moldear y rectificar algunas reglas y prácticas con las que operan las Instituciones de Educación Superior (IES).