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Ceneval

Diez más uno: once Artículo del Ceneval por Sergio Macías

“Escribe con cifra los siguientes números”. ¿Le parece bien planteada esta instrucción? Pues no lo es cuando la lee en un examen un niño de siete años quien en su respuesta escribe el número 11 después de la palabra Diez, el 99 después de Noventa y ocho, así como 82, 67 y 31 después de Ochenta y uno, Sesenta y seis y Treinta, respectivamente, como se observa en la imagen fotográfica.
Al docente debe parecerle que la pregunta está bien hecha, pues califica la respuesta con un enorme tache. El padre del pequeño, Ignacio Bárcena, inconforme, comparte en Twitter, hace unos días, una imagen que provoca un debate viral en las redes sociales, en el cual incluso participa la Real Academia Española (RAE). “Aquí va un ejercicio de mates [matemáticas] de mi hijo (7 años). Yo creo que quien no lo ha entendido bien es el profe”, escribe, y sube a internet la fotografía.

Para muestra basta un botón

En nuestro país, los exámenes estandarizados se aplican en prácticamente todos los niveles educativos. Estudiantes de primaria, secundaria y bachillerato participan anualmente en pruebas del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (Planea); jóvenes de 15 años de los niveles secundaria o bachillerato presentan el examen del Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA por sus siglas en inglés); asimismo, el ingreso a la educación media superior o superior en muchas instituciones está determinado por sustentar y obtener cierto puntaje en un examen estandarizado.

Reconocimiento de la práctica periodística: Acreditación de conocimientos equivalentes a la Licenciatura en Periodismo

“Los cínicos no sirven para este oficio” es, además de un libro, una consigna lapidaria. Recoge una entrevista, una conversación y algunos pensamientos del periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski, para quien ejercer el periodismo implicaba “mover la cabeza y mirar alrededor de los sucesos” y para quien “las malas personas no pueden ser buenos periodistas”. Kapuscinski, quien este año habría cumplido 85 años, decía que el periodismo es un trabajo que ocupa toda nuestra vida. Ahora, es lamentable que “el mejor oficio del mundo” haya pasado a ser “la profesión más peligrosa del mundo”, de acuerdo con la organización Reporteros sin Fronteras. En nuestro país, según el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ser periodista supone un alto riesgo para la integridad física y para la vida.

De la errata y lo perfecto

En el principio era la palabra… y ahora lo sigue siendo. Desde los incunables tiempos de Gutenberg la palabra tiene un acompañante muy especial: la errata. Y es que el ser humano pasa por la vida coleccionando, además de triunfos y fracasos, pequeños y grandes errores que algunas veces le ayudan a mejorar, aunque otras no. Hoy a eso le llaman “oportunidades”, se les mira desde una ventana y se les ubica en un área particular. Pero en un libro impreso, en una publicación periódica, en un examen, estas criaturas saltarinas créanme que no son nada oportunas. Dice el lexicógrafo, filólogo y lingüista Manuel Seco que las erratas siempre han sido “las últimas en abandonar el barco”. Para el escritor Machado de Assis, el hombre “es una errata que piensa… Cada etapa de la vida es una edición, que corrige a la anterior, y que será corregida también, hasta la edición definitiva, que el editor obsequia graciosamente a los gusanos”.