Menu
La UASLP, sede del 1er Congreso Nacional de Ingeniería de Minerales

La UASLP, sede del 1er Congreso Nac…

La UASLP a través de su C...

Realizan 6to. Coloquio Interfacultades de Experiencias de Intercambio Estudiantil en la UABC

Realizan 6to. Coloquio Interfaculta…

Se llevó a cabo el Sexto ...

Distinguen a 259 académicos y administrativos por trayectoria universitaria en la UdeG

Distinguen a 259 académicos y admin…

Un total de 259 trabajado...

Expertos en geometría avanzada realizan taller en UdeC

Expertos en geometría avanzada real…

Comenzaron este martes la...

Comunidad de la UdeG condena el asesinato de estudiante de la Preparatoria 16

Comunidad de la UdeG condena el ase…

La comunidad estudiantil ...

Más de 60% de la población mundial vivirá en urbes para 2025: investigador de la UAM

Más de 60% de la población mundial …

Desde el comienzo del sig...

Debe Estado hacer que empresas cumplan con fiscalidad ambiental: Experta en la UdeC

Debe Estado hacer que empresas cump…

“No es solamente una cues...

Recorren alumnos de Pedagogía de la UABC Centro Histórico de Mexicali y Chinesca

Recorren alumnos de Pedagogía de la…

Como parte de una formaci...

Agricultura orgánica alternativa, ruta para sostenibilidad y soberanía alimentaria: Especialistas en la UdeG

Agricultura orgánica alternativa, r…

CUTonalá alberga encuentr...

La UAM promueve el estudio de la física entre bachilleres

La UAM promueve el estudio de la fí…

Alumnos del Instituto Tec...

Prev Next

Adrián Acosta Silva

Gobierno universitario: pinzas, tuercas, tornilos

Acaso como ninguna otra institución cultural contemporánea, la universidad pública es una organización colegiada. Su tamaño y diversidad académica y disciplinaria, la complejidad de sus prácticas, usos y costumbres, las interacciones cotidianas entre estudiantes, profesores y funcionarios, se expresan en un conjunto de reglas escritas y no escritas que rigen los comportamientos cotidianos en los campus universitarios.   
Quizá por ello, por esa complejidad de las relaciones entre la docencia, la enseñanza y la investigación, la producción de conocimiento y las formaciones profesionales, las universidades aprendieron desde hace mucho tiempo que la mejor forma de gobierno es la del equilibrio entre los órganos personales y los colegiados, los que se ejercen de manera inevitable por individuos (Rectores, directores) y los que se configuran alrededor de espacios colectivos de deliberación y toma de decisiones (consejos universitarios). Ese equilibrio implica un contrapeso efectivo  a las tentaciones de construir un poder despótico de sus directivos, pero también es un dispositivo institucional que contiene los impulsos hacia las formas asambleísticas de autoridad que coexisten en las universidades públicas mexicanas.

1968 Música de fondo con paisaje

Se maquina un futuro
que no será como imaginamos.
—José Emilio Pacheco,
El futuro pretérito

Da la impresión de que la multiplicación de los grandes balances políticos y sociales del movimiento estudiantil de 1968 en México han oscurecido las implicaciones  estrictamente culturales del acontecimiento. Si bien es cierto que lo que suele llamarse la transición política mexicana bien podría situar su “punto cero” en aquellos hechos, con la combinación de la rebelión estudiantil, la represión política, la violencia y la tragedia, la exhibición del rostro desnudo del autoritarismo político de los gobiernos posrevolucionarios,  y el surgimiento de las demandas de democratización y la defensa de las libertades individuales y sociales, lo que también parece indicar ese punto socio-temporal es la configuración de un clima intelectual y cultural que explica la emergencia de un nuevo lenguaje público, cuyos referentes simbólicos ya no eran los repentinamente envejecidos rituales del nacionalismo revolucionario —representados por el PRI y el régimen de Díaz Ordaz de aquellos años lúgubres— sino las demandas de libertad, justicia  y democracia que alimentaban el imaginario estudiantil de los años sesenta.

Porros: política y violencia

Los acontecimientos ocurridos en la UNAM la semana pasada confirman la cabal salud de que aún goza una vieja práctica en no pocos campus universitarios públicos: la agresión y violencia sistémica y selectiva que ejercen algunos grupos pequeños pero bien organizados de las comunidades universitarias sobre las mayorías silenciosas y pacíficas que cotidianamente asisten a las universidades. Se trata, por supuesto, de un fenómeno viejo, enraizado más o menos profundamente en algunas escuelas, facultades y preparatorias universitarias. Aunque pueda ser caracterizado analítica o descriptivamente de muchas maneras, y descalificado prescriptivamente de muchas  más, el porrismo universitario es el fruto podrido de las relaciones entre política y violencia que se han construido lentamente a lo largo de muchas décadas en varias universidades públicas, incluyendo por supuesto la UNAM. Dicho de algún modo, es la expresión local de la “república mafiosa” (Fernando Escalante dixit) que ha penetrado el orden político e institucional de algunas universidades públicas, y cuyas expresiones de estallidos y agresiones, a través del uso de puñetazos y bombas molotov, con palos, piedras y navajas, recuerdan su presencia y poder en la vida universitaria.  

El cálculo del poder

En tiempos turbulentos pero interesantes, nunca está de más acudir a la sabiduría de los antiguos para tratar de entender lo que hoy ocurre frente a nuestros propios ojos. Revisitar sus obras es siempre un recurso útil para mirar con otros lentes la sensación de presente interminable que domina el espectáculo público. Los cambios en los humores, en el perfil de los políticos y de la política, en los gestos y lenguajes al uso, forman el material inevitable del presente pero en su momento también fueron objeto de reflexión y estudio para pensadores clásicos y contemporáneos. Desde diferentes circunstancias y perspectivas, tres de ellos pueden ser adecuados para pensar en las complejidades viejas y nuevas del cálculo del poder: Maquiavelo, Oakeshott y Fouché.