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Luis Medina Peña

Lecciones e iniciaciones: mi reconocimiento a Rafael Segovia

Mi primer encuentro con Rafael Segovia fue allá por el mes de noviembre de 1965 cuando fui citado, luego de haber enviado los documentos de rigor, a entrevistas para decidir quién ingresaba a la tercera promoción de la licenciatura en Relaciones Internacionales de El Colegio de México  en febrero de año siguiente. En aquel entonces me entrevistaron cuatro profesores, uno de ellos externo a la institución. Lo hacían individualmente, no en comité, y pasaba uno de cubículo en cubículo. Segovia me tocó en cuarto lugar; el tercero, abogado y miembro del Servicio Exterior Mexicano, había puesto el grito en el cielo porque dejaba yo la carrera de Derecho en el cuarto año para optar por otra nueva. Cuando entré a su oficina, Segovia estaba leyendo   mi expediente y sin levantar la vista me señaló la silla e invitó con ese gesto a sentarme. Pasó un rato mientras leía cuidadosamente quizá mi exposición de motivos, y me empecé  a inquietar pues pensé que iba a venir por el mismo lado que el anterior entrevistador. De repente, levantó la vista y esbozando una sonrisa me dijo: “No le voy a preguntar por qué deja Leyes. Creo que la razón es obvia.” Y continuó con varias preguntas de naturaleza académica sobre las Ciencias Sociales. Para terminar me dijo: “Pero, dígame, de ser admitido ¿qué piensa hacer después, cuando se gradúe? Fui sincero “La diplomacia o la academia. Aún no lo sé, es lo que vengo a averiguar”. Me vio varios segundos que me parecieron una eternidad, y luego cerrando el expediente  dijo “Bien, para eso se crearon  el Centro de Estudios Internacionales y esta licenciatura, para averiguar lo que no se sabe. Ya puede retirarse.”

Una opinión académica: Carta abierta al general Salvador Cienfuegos

Estimado señor General Secretario:
Tiene usted toda la razón en sus recientes declaraciones que tanta polvadera  levantaron. Entiendo perfectamente la tesis implícita, el subtexto como dicen los letrados, de su pronunciamiento:   se ha obligado al Ejército a una guerra civil implícita, no declarada, pues eso de poner a nuestros soldados y marinos a dispararle a los civiles, por muy delincuentes que sean, no es algo conveniente.  Y que a los militares lo que les corresponde es cuidar de la soberanía nacional.
Tiene usted toda la razón al postular que soldados y marinos deben regresar a los cuarteles, pues la tarea de combatir al crimen, sea éste organizado o desorganizado, es una tarea de las policías.  Y también es cierto, como se deriva de lo declarado,  lo poco que han hecho las autoridades en los diversos niveles de gobierno para reorganizarlas, hacerlas honestas e imbuirles el sentido de servicio a la comunidad a la que se suponen sirven. Al contrario, autoridades locales y sus policías han caído en las redes del crimen organizado en muchas partes del país.

El federalismo mexicano y la opinión desinformada

Manipulando el control remoto me topé con ello. Estudio de grabación televisiva muy bien puesto. Mesa triangular, vértice hacia la cámara  para dejar en claro que la dirección y opinión definitiva del programa es la del titular  que ocupa la cabecera, si es que un triángulo tiene cabecera,  y que los invitados permanentes (¿también les pagará la emisora?),  que  se sitúan a ambos lados del mandamás de la palabra,  acuden para apoyar los subtextos de lo que ahí se discute con un  empeño, una dedicación y una ilustración dignos de las mejores causas, faltaba más.
—“Los gobernadores se aprovechan de su situación, amparados por el federalismo, para lucrar y delinquir” afirmó el  experto-comentarista-invitado-permanente  en este programa que ha sido  creado por la emisora con  lógica telenovelera, para  dictarle a los miembros de la familia mexicana qué pensar y entender sobre los temas de candente actualidad y de paso aparentar cumplir con una misión cultural-política, que viste mucho.
—¡Híjoles!, son verdaderos caciques, como tlatoanis ¿verdad?” terció con su peculiar manejo del idioma el  conductor-experto instantáneo-creador de opinión pública y, por supuesto, organizador del contenido  de la mesa, que  en esta ocasión está  dedicado a discutir los ires y venires de gobernadores que han saqueado la hacienda pública de sus terruños para comprarse mansiones en el extranjero  o ajuarear ranchos con presas de agua propias y caballos de alto registro.

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