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Mario Saavedra

A propósito de Cien años de soledad

A la memoria de Jorge Medina Viedas

Desde mi más temprana infancia escuché en mi casa el nombre de Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1927-Ciudad de México, 2014), periodista y escritor que desde su intrincada Aracataca, en el departamento colombiano de Magdalena, en la Costa Atlántica, había decidido emprender, sólo con su maravilloso talento y una tenacidad endiablada a cuestas, la reconstrucción literaria de un universo que igual desde mi niñez reconocí como algo propio y cercano. Genial cronista de un mundo que tiene en la imaginación uno de sus bienes más preciados, y quizá el único para fraguar una realidad que se sabe brusca e inhóspita, las más de las veces inclemente, como la naturaleza que la envuelve y devora, el autor de esa novela total que es Cien años de soledad supo darle voz poética e iluminada, corpus literario, a una existencia plagada de toda clase de contrastes y paradojas.

María Moliner y Luisa Huertas El diccionario

A la memoria de Víctor Hugo Rascón Banda

Mujer admirable y admirada por quienes profesamos un culto especial por ese maravilloso instrumento de expresión y comunicación que es nuestra lengua viva y dinámica, María Moliner (Paniza, 1900- Madrid, 1981) se propuso la enorme proeza de crear un no menos provechoso y además divertido Diccionario de uso del español que lleva su nombre y la ha hecho inmortal. Gredos los editaría por primera vez en la segunda mitad de los sesenta, en los dos tomos que conocemos y ya han tenido varias revisiones. Aunque historiadora de formación, lo cierto es que su carrera profesional la hizo como bibliotecaria, filóloga y lexicógrafa, pese a los “académicos” de la Real Academia Española que nunca le perdonaron su visionaria acción crítica frente a los formalismos de la RAE y sobre todo haber creado un portentoso documento mucho más consultado —¡vaya paradoja!— que el de la propia Academia.

Barenboim y Chéreau: Diálogos en torno a Tristán e Isolda, de Wagner

A Sergio Vela, wagneriano por excelencia

Richard Wagner acometió su magistral Tristán e Isolda mientras maduraba la tetralogía El anillo del Nibelungo, en medio de los doce años (1850-1865) transcurridos entre la escritura del segundo y el tercer actos de la penúltima parada de ese colosal gran proyecto (Sigfrido), en un intenso periodo de creación donde además vería la luz también Los maestros cantores de Nuremberg. Dados los plazos desesperantes de la tetralogía, y perdida quizá la esperanza de verla representada alguna vez, Wagner había procurado componer una ópera de “proporciones menores” que le volviese de nuevo (estaba ausente de ellos desde que Liszt había estrenado Lohengrin, en 1850) a los teatros.

María Luisa “La China” Mendoza: Viví como quise y me propuse

Desde que conocí a María Luisa La China Mendoza (Guanajuato, 1930-Ciudad de México, 2018) me sorprendieron su inteligencia despierta y su agilidad mental, su corrosivo sentido del humor y su gran calidad humana, rasgos todos ellos presentes tanto en su geografía literaria como en su no menos elocuente y prolífico trabajo periodístico. Me la presentó don Rafael Solana que la quería y procuraba mucho, por allá a medidos de la década de los ochenta, e igual por esa época coincidimos en el suplemento cultural El Búho de Excélsior que había fundado y dirigía nuestro no menos dilecto y admirado René Avilés Fabila. Con varios amigos cercanos en común como el propio René, igual compartíamos un profundo y sincero amor por los animales, por nuestros hermanos distintos pero complementarios, en particular por los perros con quienes hemos establecido una particular comunión, de ahí nuestra no menos confesa admiración por Fernando Vallejo y su obra donde los canes tienen un espacio protagónico.